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La belleza está en el interior

Estamos acostumbrados a ver los edificios de nuestros arquitectos preferidos por fuera. Admiramos sus volúmenes, su impacto en el entorno y nos olvidamos de que, como decía Le Corbusier, son machines à habiter. Es decir, han sido diseñadas para estar entre sus paredes, para vivirlas día tras día.

Nosotros somos apasionados del interiorismo, como ya habéis podido comprobar en nuestras colaboraciones junto a AD con Patricia Bustos y Jean Porsche. Creemos que el diseño exterior debe tener su equivalente puertas adentro, con el mismo cuidado, la misma planificación y la misma calidad en los materiales. Por lo menos esa es la premisa que aplicamos en cada uno de nuestros proyectos. Pero ¿y los grandes arquitectos? Sus obras se conocen más por fuera que por dentro y pensamos que no es justo. Hoy nos metemos entre las cuatro paredes que esconden algunas de las fachadas más célebres de la arquitectura contemporánea.

 

Frank Lloyd Right

Nadie duda de que Right es uno de los padres de la arquitectura moderna. Tanto Le Corbusier como Mies van der Rohe fueron seguidores y competidores del genio de Wisconsin. Todavía hoy las formas del Guggenheim de Nueva York son un alarde de modernidad, al igual que la superposición de voladizos de la Casa de la Cascada. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos de echar un vistazo por la ventana; poner las manos a los lados de la cara y asomarnos al interior de su arquitectura. Lo que vemos dentro, como no podía ser de otra manera, coincide con el mismo carácter perfeccionista que inspiró el diseño exterior. Right, metódico e individualista, llega al punto de diseñar cada aspecto de la casa, desde los muebles, hasta las lámparas, pasando por los pomos de las puertas. El resultado de un trabajo tan concienzudo se resume en un estilo absolutamente reconocible, ya sea con inclinaciones orientales y art decó en sus inicios, o los más organicistas en sus últimas obras: delicados trabajos de artesanía y ebanistería, madera por todas partes, piedra, vidrieras, ladrillo… Miremos donde miremos, la inconfundible personalidad de Wright impregna hasta el último rincón de sus estancias.

 

 

 

 

Mies Van der Rohe

La relación de Wright de reconocimiento mutuo y buena sintonía, a pesar de sus diferencias estéticas y su distinto uso de los materiales. El difícil Wright acogió a Mies como un igual y lo puso a la vanguardia de la arquitectura, una afirmación que podemos hacer extensiva a sus interiores. En cualquier caso, no nos equivocaremos, porque también tenía aquella manía de controlarlo y diseñarlo todo, una obsesión que nos ha legado algunas de las piezas de mobiliario más icónicas del siglo XX. Sin embargo, al contrario que los interiores de Wright, cuyo organicismo los convierte casi en acogedoras cuevas, el racionalismo de Mies los deja expuestos. Tanto que a su “less is more” podemos sumar “in is out”: si miramos la fachada de la Casa Farnsworth, estaremos mirando su interior. Y si estamos dentro del pabellón de la Exposición Universal de Barcelona, nos constará saber si realmente lo estamos. Las fronteras se difuminan y sus interiores limpios y diáfanos se funden con la naturaleza del exterior sin apenas transición. Un juego de adivinanzas en el que la línea recta es la única pista fiable.

 

 

 

 

Charles y Ray Eames

¿Quién no ha soñado con tener una auténtica Lounge Chair de los Eames? A ser posible una original, de la época, con el cuero algo envejecido. O sentarse en sus famosas sillas, pero en una de las de verdad, no en las miles de copias que inundan nuestras búsquedas en Internet. Al fin y al cabo, el matrimonio Eames ha creado muchas de las piezas cuya presencia parece obligada entre las páginas de las revistas de decoración. Y no nos extraña; son funcionales, cómodas y de gran calidad. Pero aún podemos llegar más lejos, porque los Eames son mucho más que los muebles que diseñaron: los interiores como el de su propia casa, al igual que el resto de proyectos de las Case Study Houses, han marcado la forma de distribuir e iluminar los espacios desde mediados del siglo XX hasta la actualidad.

 

 

 

 

Alvar Aalto

Tener un interior nórdico parece algo casi aspiracional hoy en día. De hecho, si hablamos de diseño, el apellido nórdico es garantía de calidad, utilidad y atemporalidad. Y resulta que el finlandés Alvar Aalto tiene gran parte del mérito. No en vano, es el único arquitecto de la segunda generación del Movimiento Moderno al que se reconoce como “maestro”, lo que lo sitúa al nivel de Mies o Le Corbusier. Por no hablar de otro detalle, algo que cierra el círculo de nuestro post de hoy: resulta que Aalto fue definido por Frank Lloyd Wright como “un genio” tras visitar el pabellón finlandés en la Exposición Universal de Nueva York de 1939. Una admiración sincera del Wright más organicista, cuyas ideas calaron en el escandinavo hasta el punto de abrazar este movimiento, pero sin llegar a perder de vista el racionalismo que siempre había marcado la funcionalidad de sus creaciones. En la actualidad, sus interiores y sus muebles permanecen plenamente vigentes. Luminosos, acogedores, cálidos, sencillos y modernos, como recién sacados de un invierno en Helsinki… o del mejor catálogo de muebles. De muebles nórdicos, por supuesto.

 

 

 

Photos: Flickr, Eames Foundation, Pinterest

 

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