Archilovers

Resucitar la arquitectura

La buena arquitectura va más allá de un uso determinado: edificios singulares cuya calidad les permite adaptarse a la nueva realidad y reinventarse para afrontar una segunda vida. Sin embargo, para respetar y consolidar nuestro patrimonio arquitectónico no basta con reparar y restaurar. Muchas veces hace falta un cambio total de perspectiva. Hoy os traemos las mejores rehabilitaciones y a los arquitectos que las han hecho posibles.

 

A cualquier apasionado de la arquitectura que le preguntes por rehabilitaciones, enseguida te hablará de La Fábrica, la cementera que Bofill compró en ruinas y que fue capaz de convertir en su vivienda y estudio. Desde luego, es uno de los ejemplos más espectaculares, pero en esta ocasión hemos querido compartir contigo otras actuaciones menos célebres. Algunas de la mano de maestros mundialmente reconocidos y otras, a cargo de arquitectos más anónimos. Eso sí, cada una de ellas ha salvado y ha replanteado un edificio que merecía perdurar y ser vivido. Vamos a verlos:

 

Convento das Bernardas de Souto de Moura

El Pritzker portugués planteó la remodelación del Convento das Bernardas como un paso más en la constante transformación de este edificio del siglo XVI que pasó de monasterio a fábrica en el siglo XIX. El estado de ruina permitió a Souto de Moura una intervención profunda para crear 78 viviendas respetando el carácter del conjunto y sin perder una ápice de su extraña personalidad, entre fabril y religiosa. El resultado transmite la paz y serenidad propia de su origen, mientras que las viviendas tienen un punto industrial tan actual como coherente con su propia historia.

 

 

Centro Cívico Cultural de Exit Architects

La antigua prisión provincial de Palencia había sobrevivido al derribo de muchas otras cárceles españolas del siglo XIX. No obstante, había que buscarle un nuevo uso que fundamentase su rehabilitación. Y la solución pasó por un cambio absoluto de planteamiento. Exit Architects quiso alejar su proyecto del origen sórdido del edificio y, paradójicamente, lo consiguió sin renunciar a su evidente valor histórico. El nuevo centro cultural y social ha abandonado su característica penumbra y se ha transformado en una auténtica caja de luz; un punto de encuentro para toda la comunidad en el que la sensación de libertad es su mayor triunfo.

 

 

Pabellón Dufour de Dominique Perrault

El autor de La Caja Mágica fue el encargado de adaptar el Pabellón Dufour de Versalles a un espacio polivalente. Para conseguirlo, Perrault optó por respetar al máximo el edificio existente, por lo que se decidió por un proyecto subterráneo que no interfiriera con la estética del Patio de los Príncipes. La gran escalera que da acceso a la recepción destaca por la inclusión de grandes elementos metálicos dorados, una decoración que se extiende al interior y que supone una actualización escultórica y estética de la decoración rococó característica del palacio. El ejemplo perfecto de que historia y modernidad son plenamente compatibles y pueden encajar al milímetro.

 

 

Claustro de los Jerónimos de Rafael Moneo

Cuando encargaron al Pritzker español la ampliación del Museo del Prado, decidió que el corazón del nuevo edificio iba a ser uno de los claustros del desaparecido convento de los Jerónimos, del que solo queda en pie la iglesia. El estado de ruina del claustro renacentista obligó a desmontarlo piedra a piedra para limpiarlo y restaurarlo antes de su instalación definitiva en el interior del nuevo edificio. La próxima ampliación del Prado ya está en marcha y corre a cargo de Norman Foster, quien se encargará de rehabilitar y adaptar el antiguo Salón de Reinos. Estamos seguros de que el resultado merecerá un hueco en esta selección.

 

 

Fotos: Dominik Khun, Eduardo Souto de Moura, Plataforma Arquitectura, Arquitectura y Empresa, Madrid Diario

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