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La arquitectura del color

Paul Klee lo vio claro: “El color es el lugar donde nuestro cerebro y el universo se encuentran”. Esa sensación tangible, explicada en longitudes de onda, que es luz y transmite emociones, es una expresión del universo que nos rodea. A partir de los tres colores primarios rojo, verde y azul percibimos un mundo que hemos conseguido representar mezclando otros tres pigmentos, cian, magenta y amarillo.

Pero hay algo más allá de su descomposición en partes, algo que cada color nos transmite por encima de su código RGB. Por muchos nombres que se invente Pantone, seguiremos preguntándonos si vemos en nuestra cabeza el mismo rojo que ven los demás, o si lo que llamamos turquesa es más verde o más azul. Porque el color expresa mucho más de lo que hemos querido encerrar en sus tonalidades. Para demostrarlo, nos hemos centrado en aquello que nos apasiona, la arquitectura, y hemos escogido algunos edificios en los que el color es la esencia del proyecto.

 

Cuadra San Cristóbal de Luis Barragán

En 1964, el mexicano Luis Barragán se encargó de la construcción de un complejo arquitectónico en torno al mundo del caballo. Cuando finalizaron las obras en 1969, Barragán había conseguido crear un lenguaje propio. El juego de volúmenes y el uso del color que había experimentado en las Torres de Ciudad Satélite cobraban ahora una dimensión funcional. La gran fuente y el estanque no son un capricho ornamental, sino que cumplen la función de bebedero de animales: “La profundidad del estanque la calculé para que, al pasar el caballo, le llegara el agua a la panza”. Todo en la Cuadra San Cristóbal está al servicio del disfrute del jinete, desde el recorrido, hasta la vegetación, elegida por el arquitecto. Un equilibrio entre la estética y la utilidad que lo llevó a ganar el Pritzker en 1980, siempre con el color como seña de identidad.

 

 

 

Maison de l´Homme de Le corbusier

En 1965, el gran maestro de la arquitectura moderna murió en Cap Martin dejando huérfano su proyecto para el museo de Heidi Weber. Sin embargo, la galerista suiza se encargo de construir el pabellón según las estrictas directrices de Le Corbusier, para lo que contó con su discípulo Alain Tavés. La colorida fachada contrasta con la imagen que habitualmente tenemos de la arquitectura del arquitecto franco-suizo. Sin embargo, la influencia de su colaborador Alfred Roth, amigo de Mondrian, inclinó sus obras hacia una concepción neoplasticista de la composición cromática. Además de la Maison de l´Homme, podemos comprobar esta simbiosis artística en obras tan representativas como la Unité d´Habitation de Marsella.

 

 

La Muralla Roja de Ricardo Bofill

Proyectado en 1968 y finalizado en 1973, su diseño se remonta, según Bofill a diez años antes. La complejidad de este conjunto residencial de apartamentos en Calpe (Alicante) guarda cierta relación con otra de las obras más representativas del arquitecto catalán, el Walden 7, cuya gestación fue prácticamente contemporánea. Su planta responde a una combinación geométrica de cruces griegas que da lugar a una serie de patios interconectados. El resultado es una Kasbah de reminiscencias constructivistas que difumina la frontera entre los espacios públicos y los privados; una reinterpretación de la arquitectura árabe mediterránea en la que los colores se adaptan a la función estructural de sus elementos. Así, el exterior rojo contrasta con el entorno, mientras que las escaleras azules se funden con el cielo y agrandan el interior de esta fortaleza a orillas del Mediterráneo, con unas maravillosas vistas hacia el Peñón de Itach.

Dos datos curiosos de esta obra de Bofill: es el lugar donde más campañas de publicidad de moda se han rodado y el más fotografiado de Instagram en España.

 

 

 

Central Saint Giles de Renzo Piano

La primera obra de Piano en Reino Unido abrió sus puertas en 2010 para transformar una zona en decadencia en pleno centro de Londres. Con la llegada de grandes empresas como Google o MindShare, el edificio y su gran plaza interior se han convertido en un gran punto de encuentro por el que pasan cada día miles de personas. Pero no solo es un edificio de oficinas, tiendas y restaurantes; la Central Saint Giles también acoge viviendas, tanto de bajo coste como de alto standing. Un ambicioso proyecto arquitectónico cuyo diseño buscaba huir de la apariencia de gran mole. Para conseguirlo, se crearon 13 fachadas, cada una con una orientación y altura distintas. Un efecto que se potencia con las piezas de terracota tintada, que diferencian y dan vida a cada parte del edificio.

 

 

 

Photos: Pinterest, Flickr, AD Magazine, Michel Denance

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