Archilovers

Arquitectura para navegar

No se nos ocurre una mejor manera de despedir agosto que un crucero desde San Sebastián hasta Mónaco. ¿Quieres ver en qué puertos atracaremos? No te olvides de las biodraminas y ven a descubrir algunos de los mejores ejemplos de arquitectura náutica.

 

 

La visión hipnótica de un puerto es el horizonte de los edificios que os traemos esta semana. Todos ellos frente a un bosque de mástiles, con el constante vaivén del mar amortiguado que los hace oscilar. Cada uno como si pudiera echarse a navegar, simulando formas de barco, o elevándose sobre el agua como si formara parte de ella.

 

 

La arquitectura náutica es la frontera de la arquitectura. Los últimos metros que marcan la diferencia entre la construcción y la navegación. Una constante que se mantiene más allá de los estilos y que comenzamos y cerramos con los dos edificios más similares y, a la vez, más alejados en el tiempo: el Club Náutico de San Sebastián y el Yatch Club de Mónaco.

 

 

Tómate tu tiempo y pide un Martini en la larga terraza volada sobre los pantalanes. Déjate acariciar por el sol y sigue con la vista los barcos que entran y salen por la bocana del puerto. Del resto nos encargamos nosotros.

 

Club Náutico de San Sebastián (1929)

 

 

 

Visto desde el agua, el Club Náutico de San Sebastián parece un yate amarrado al muelle, una embarcación elegante de la primera mitad del siglo XX. Pero resulta que es de hormigón y no tiene casco, sino los cimientos del edificio anterior, obsoleto para las pretensiones deportivas y sociales de la burguesía donostiarra. Además, su condición de destino vacacional para la familia real y buena parte de la nobleza española exigía un edificio a la altura de las circunstancias. Y, en contra de lo esperable, el resultado fue de una modernidad inédita en el país.

 

 

José Manuel Aizpúrua y Joaquín Labayen fueron los encargados de diseñar uno de los primeros edificios racionalistas de España. Un trabajo que culminaron en solo 9 meses y que recogía los fundamentos del célebre GATEPAC, el Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea. Bajo el paraguas de los Cinco puntos para una nueva arquitectura de Le Corbusier, los arquitectos crearon un perfecto compendio de arquitectura Bauhaus.

 

 

 

Pabellón de Portugal en la Expo ´98

 

 

Nuestra segunda parada no es exactamente arquitectura náutica… O sí. En cualquier caso, aprovechamos que está en un puerto para traéroslo por segunda vez (ya lo vimos aquí). Lo cierto es que no nos cansamos de esta obra maestra de Álvaro Siza, el pórtico de entrada a la Expo que, con los años, se ha consolidado como una gran plaza pública cubierta. Un imprescindible en el paisaje urbano lisboeta que, más allá de su indiscutible belleza, es un auténtico prodigio de ingeniería.

 

 

Su gigantesco toldo de cables de acero recubiertos de hormigón salva una distancia de 70 metros entre apoyos y 50 metros de ancho. Con solo 20 cm de espesor, la cubierta contrasta con los laterales macizos y rectos, en los que podemos ver los cables de la cubierta libres de su recubrimiento de hormigón pretensado. Como curiosidad, os contamos que esta obra aúna el trabajo de dos Pritzkers, el propio Siza y Soto de Moura en calidad de arquitecto colaborador.

 

 

 

Veles e Vents (2005)

 

 

Valencia fue la primera ciudad europea en acoger la sede de la regata más prestigiosa del mundo, la Copa América de vela. Una responsabilidad que conllevó la posibilidad de abrirse al mundo y que desembocó en la construcción de una serie de instalaciones de las que solo una estaba destinada a permanecer. El edificio Veles e Vents es un proyecto de David Chipperfield en colaboración con B720 Arquitectos y toma su nombre de un poema de Ausiàs March, toda una alegoría del viento y la navegación.

 

 

Su estructura de pirámide invertida consigue que los forjados parezcan flotar sin apenas apoyos y, al mismo tiempo, favorece que las plantas superiores proyecten sombra sobre las inferiores. Algo perfecto, teniendo en cuenta su función de atalaya para contemplar las regatas y los rigores del clima valenciano. Además, gracias a ello, también es posible cerrar los interiores con un muro cortina que no recibe la luz directa del sol y permite disfrutar de las impresionantes vistas sobre el Mediterráneo. En definitiva, un gran ejemplo de cómo la arquitectura náutica puede convertirse en el icono moderno de un puerto milenario.

 

 

 

Yatch Club de Mónaco (2014)

 

 

Acabamos nuestro viaje en Mónaco, donde Norman Foster firma un proyecto que irremediablemente nos devuelve al inicio del viaje, al Club Náutico de San Sebastián. Casi 90 años después, la esencia del diseño está ahí: Su extremo curvo en forma de puente de mando, sus terrazas que parecen las cubiertas de un crucero y su ubicación en el muelle, como si flotase sobre las aguas del puerto. Por supuesto que las dimensiones son muy distintas, pero la semejanza está ahí y el parecido es innegable. Ver uno y otro da una idea de la modernidad del primero y de cómo los postulados del movimiento moderno se han mantenido vigentes; evolucionando con la tecnología, pero firmes en sus fundamentos.

 

 

Este gran buque varado a orillas del principado es, como todo en Mónaco, puro lujo. Al igual que el edificio Veles e Vents, el Yatch Club fue el punto central en la renovación del puerto. Desde su posición sobre terreno ganado al mar, es posible disfrutar de unas visitas privilegiadas de las frecuentes regatas y, una vez al año, del mítico Gran Premio de Mónaco de Fórmula Uno.

 

Fotos: Richard Walch, Stua, Blogfundamentos, Lainformacion, Ibon Ladera, Nigel Young, Pinterest, Pedro Moura, Pedro Ribeiro, Wikiarquitectura

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