Archilovers

Bauhaus, cien años de diseño

 

Esta semana, queremos celebrar el centenario de la Bauhaus, la escuela de arte, arquitectura y diseño que cambió para siempre nuestra forma de relacionarnos con los objetos. Seguro que te has sentado, has bebido, o incluso has vivido en un diseño Bauhaus sin darte cuenta. De hecho, esa era la intención, no poner nunca la estética por encima de la funcionalidad. ¿Crees que lo consiguieron? Vamos a verlo.

 

 

 

De la Bauhaus surgieron algunas de las paradojas más curiosas del mundo de arte. Por un lado, por mucho que su primer director, Walter Gropius, se empeñase en decir que “Bauhaus es, más que un estilo, una actitud”, lo cierto es que existe una estética propia. Bajo la premisa de eliminar lo superfluo, alcanzaban la esencia del objeto. Y a esa esencia se llegaba a través de las enseñanzas de los mismos profesores, trabajando los mismos materiales y colaborando en los mismos proyectos. Siendo así, y compartiendo una misma época, con sus condicionantes artísticos y culturales, no es extraño que ese estilo sin estilo sea reconocible en cualquiera de sus facetas: arquitectura, escultura, pintura, textiles, cerámicas, tipografía y diseño industrial.

 

 

La segunda paradoja hay que buscarla en otro de los fundamentos de la Bauhaus; la democratización del diseño. Todas las piezas, incluso los edificios, tenían que ser asequibles. Si bien, Mies van der Rohe tenía la costumbre emplear materiales carísimos en sus minimalistas construcciones -te lo hemos mostrado en el pabellón de Barcelona o en Villa Tugendhat-, lo cierto es que la mayoría de los objetos salidos de la escuela cumplían ese principio de economía. Era un diseño industrial perfecto, efectivo en el uso, simple en la forma y sencillo en la elaboración. La contradicción ha venido con el tiempo, si hoy nos interesamos por algún objeto Bauhaus que siga en producción veremos que hay muchos. El problema es que, si elegimos algunos para sentarnos, como la silla Barcelona de Mies, la Wassily de Breuer, o la Bibendum de Gray, tendremos que recurrir a algunas de las marcas de mobiliario más exclusivas del mercado.

 

 

Pero más allá de sus incongruencias, el espíritu de la Bauhaus revolucionó la manera de concebir la arquitectura y el diseño industrial. Si nos olvidamos de aquellos diseños, que se han convertido en obras de arte firmadas, veremos que la filosofía de anteponer la forma a la función continúa muy presente en la actualidad. Seguro que a todos nos vienen a la cabeza ejemplos de marcas que trabajan con diseñadores y crean muebles y enseres sencillos y asequibles. También las nuevas técnicas y materiales, así como la búsqueda de la sostenibilidad en arquitectura serían muy del gusto de los fundadores de la escuela.

 

 

No obstante, a pesar de los éxitos, en la historia de la Bauhaus, también existen algunos hitos que han sido eclipsados por los grandes nombres; personas, proyectos y situaciones que fueron tan influyentes como los más célebres y que, para la mayoría, han permanecido en el anonimato. A continuación, os proponemos tres: una casa, algunos nombres y el papel del movimiento en el exilio.

 

Haus Am Horn

 

 

La Bauhaus nació en Weimar y allí quedó el primer edificio surgido de sus ideas fundacionales. Corría 1923 y la sede de la escuela ocupaba un edificio decimonónico muy alejado del futuro edificio diseñado por Gropius en Dessau. Quizás por ello, para condensar todo el trabajo de los alumnos en un solo proyecto, se optó por construir una casa modelo. Un edificio residencial que debía ser funcional, sencillo, asequible, habitable, eficiente y moderno.

 

 

Y, a día de hoy, lo sigue siendo, a pesar de haber quedado a la sombra de Villa Tugendhat, la casa de Gropius en EEUU, o la Villa Saboya de Le Corbusier (muy en la línea con la Bauhaus desde su trabajo en el estudio alemán de Behrens, donde también colaboraron Gropius, Meyer y Mies). Pues bien, si te interesa, ahora puedes visitarla. Tras décadas de uso, en 1996 fue declarada patrimonio de la humanidad como parte del catálogo “La Bauhaus y sus sitios en Weimar y Dessau”. Se encuentra totalmente restaurada e incluye reproducciones del mobiliario original, diseñado ex profeso por Marcel Breuer para este proyecto. Toda una joya de la arquitectura que merece ser reivindicada.

 

Las mujeres de la Bauhaus

 

 

Para ingresar en la escuela no había limitaciones de formación, edad o sexo y esto último era una excepción a principios de los años 20. Efectivamente, en la Bauhaus estudiaban muchas mujeres, tantas que a Gropius le preocupó el elevado número de alumnas y decidió que sería convenientes orientarlas hacía las disciplinas “más femeninas”, como el textil o la cerámica. Una estrategia que tuvo un funcionamiento desigual. Las hubo que se rebelaron y lucharon por participar en los talleres que más les interesaban, mientras que otras elevaron la artesanía del tejido a sus cotas más altas.

 

 

En el primer grupo, encontramos a Marianne Brandt, la primera mujer en los estudios de metalistería; también a Alma Buscher, que triunfó en la carpintería con diseños de muebles y juguetes como los que podemos ver en Haus am Horn; y a Lilly Reich, colaboradora de Mies y coautora de algunos de los diseños más icónicos del célebre arquitecto, como la silla Brno. En cuanto al otro grupo, las que se quedaron en textiles, no podemos olvidar a Anni Albers, la primera artista de la disciplina en exponer en el MoMA en 1949.

 

 

Los exiliados de la Bauhaus

 

 

Cuando Hitler cerro la escuela en 1933 consiguió todo lo contrario de lo que pretendía. En lugar de terminar con una filosofía que consideraba execrable y peligrosa, forzó el exilio de las algunas de las mentes más brillantes del momento. Arquitectos, diseñadores y artistas que huyeron de Alemania y expandieron los preceptos de la Bauhaus por todo el mundo.

 

 

Sin ir más lejos, Mies se estableció en EE. UU., donde creó proyectos tan icónicos como el edificio Seagram o la Casa Farnsworth. Y Gropius lo acompañó para ser profesor en Harvard y participar en obras maestras como el edificio Met Life en Nueva York. También Anni Albers y Moholy-Nagy compartieron destino, participando en dos instituciones herederas de la Bauhaus; ella en la Black Mountain College y él en Nueva Bauhaus de Chicago, la primera escuela de diseño industrial en los Estados Unidos.

 

Fotos: Ivonne Tenschert, Greatbuildings, Arquitectura&Diseño, AD Magazine, Vogue, Saint Gobain, Dezeen, Thinglink, Archidaily.

 

 

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