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Lacaton & Vassal, premio Mies van der Rohe 2019

 

La semana pasada se desveló el ganador del premio Mies van der Rohe de arquitectura. El estudio francés Lacaton & Vassal ha triunfado en esta edición con un proyecto que define toda su trayectoria: la actualización de tres enormes bloques de viviendas en Burdeos. Un trabajo que habla de sostenibilidad, rehabilitación y urbanismo responsable.

 

Lacaton & Vassal ha entrado a formar parte de los nombres de oro de la arquitectura europea. El premio que la Fundación Mies van der Rohe de Barcelona otorga bianualmente desde 1988 es considerado el galardón arquitectónico más prestigioso de nuestro continente, un reconocimiento que nace, no solo de la calidad de los premiados en ediciones anteriores, sino también de una profunda responsabilidad social y ecológica.

 

 

A Álvaro Siza, Peter Zumthor, Norman Foster, Rafael Moneo, Rem Koolhas, o Zaha Hadid se les reconoció el vanguardismo de sus proyectos, su calidad artística y su funcionalidad. No obstante, en la última edición del Mies algo cambió. No es que se haya dejado de lado el universo de los grandes arquitectos -Lacaton & Vessel ya era un estudio respetado antes del premio-, más bien se trata de un cambio de perspectiva, una vuelta de tuerca al papel de los viejos edificios, a su capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos y al papel de la buena arquitectura para transformarlos en su mejor versión posible.

 

 

Así, la actualización de otro gigantesco bloque de viviendas se ganó al jurado en 2017. Entonces fue NL Architects y XVW Architectuur, quienes ya habían ganado en 2005 en la categoría de Arquitecto Emergente, los encargados de dar una segunda vida a una arquitectura obsoleta. Y lo hicieron en Ámsterdam, restaurando el DeFlat Kleiburg, recuperando sus zonas comunes y dejando los pisos sin terminar, listos para ser vendidos muy por debajo del precio de mercado y hechos desde cero por sus nuevos propietarios. Un enfoque audaz que ha resultado todo un éxito: por un lado, se ha facilitado la compra de la vivienda y, por otro, se ha reutilizado una estructura preexistente, que además es la obra maestra de su arquitecto, el holandés Fop Ottenhof.

 

 

En la misma línea se desarrolla el proyecto de Lacaton & Vassal. En este caso, las viviendas del Gran Parc de Burdeos necesitaban una profunda reforma para cumplir con la normativa de sostenibilidad. Un objetivo caro y complejo, dadas las dimensiones del conjunto. Sin embargo, el estudio de arquitectura aprovechó el presupuesto del aislamiento para construir una galería que, aparte de aislar las viviendas, permite cambiar las antiguas ventanas por enormes cristaleras correderas, al tiempo que amplía hasta en veinte metros el espacio del salón. Con estos objetivos comenzó una obra que aún debía cumplir otras tres premisas: no tardar más de 16 días en cada apartamento; que el promotor no subiera el alquiler a sus inquilinos; y que estos pudiesen permanecer en casa durante los trabajos de rehabilitación.

 

 

¿Imposible? Ni mucho menos. El resultado salta a la vista: la luz entra a raudales a través de la galería y los enormes ventanales, el espacio colectivo de cada apartamento ha crecido, su habitabilidad se ha multiplicado exponencialmente y, por último, el edificio es mucho más eficiente, tanto o más que se si se hubiera acabado de construir. Todo ello sin el gasto energético y de recursos materiales que implica demoler y construir. Sencillamente se ha sabido aprovechar las fortalezas estructurales de un proyecto que todavía tenía mucha vida por delante.

 

 

El resultado no solo beneficia al medio ambiente, sino también a quienes habitan el edificio y, dada la envergadura del proyecto, a todo su entorno. Una muestra de que el diseño puede ser un factor de transformación social que no debe limitarse a la arquitectura pretendidamente icónica. Muy al contrario; la gran arquitectura debe ser transversal, abarcadora e integradora. Tan grande es su potencial que está en juego la increíble posibilidad de construir una sociedad mejor, más feliz y más cohesionada.

 

A nosotros no se nos ocurre un motivo mejor para seguir trabajando.

 

Fotos: Lacaton & Vassal, Philippe Ruault.

 

 

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