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Isozaki: Japón en España

Como cada año, estábamos impacientes por conocer la identidad del Premio Pritzker. Seguro que ya sabes que el ganador ha sido el japonés Arata Isozaki, pero ¿has visitado sus obras en España? Esta semana te invitamos a descubrir a una de las leyendas vivas de la arquitectura japonesa.

La comparación entre el premio Nobel y el Pritzker es ya un lugar común, cuando no motivo de controversia. Sin embargo, hay algo que los une por encima de cualquier polémica; la disparidad de sus ganadores. Desde figuras más o menos jóvenes, visionarios capaces de marcar la líneas a seguir, hasta grandes maestros con todo el camino recorrido. Un camino, cuyo trayecto representa también la evolución de la arquitectura. Unos marcan época y otros son una época en sí mismos.

El Pritzker 2019 ha sido para uno de los segundos. La obra Isozaki, discípulo de Kenzo Tange, es la síntesis de la arquitectura japonesa durante el siglo XX y lo que llevamos del XXI: brutalismo, metabolismo, posmodernismo… Y todo sin perder de vista las raíces más tradicionales de la estética oriental. Su estilo cambiante, mezcla de experimentación y alta tecnología, ha roto las fronteras para convertirse en un referente mundial. Por suerte, en nuestro país tenemos algunos de sus mejores proyectos. Hoy os traemos cuatro de nuestros preferidos:

 

Isozaki Atea en Bilbao (1999)

En euskera, Puerta de Isozaki. Un espectacular complejo de siete edificios que el arquitecto diseñó en colaboración con Iñaki Aurrekoetxea y que se ha consolidado, junto al Guggenheim, como uno de los símbolos de la transformación urbanística de Bilbao. Donde en el pasado estuvo el antiguo Depósito Franco, hoy despuntan dos torres gemelas de 82 metros. Desde su posición privilegiada, dominan el Muelle de Uribitarte y se erigen como punto de referencia en esta vanguardista ciudad renacida en torno a la Ría del Nervión.

 

 

El Palauet en Palafolls (1996)

 El nombre de este pabellón deportivo parece un guiño a su hermano mayor, el Palau Sant Jordi. Sin embargo, a pesar de las similitudes, son más las diferencias. El Palauet tiene una estética propia En el interior destaca la estructura tubular de la cubierta, mientras que, en el exterior, las formas suaves y las curvas contrastan con el variado paisaje urbano de casas bajas.

 

 

Domus en La Coruña (1995)

 También conocida como la Casa del Hombre, este museo está dedicado al ser humano y ofrece al visitante una experiencia interactiva. En el exterior, la sobriedad del granito y la dureza de la pizarra adquieren una dimensión casi aérea, al curvarse como una vela a lo largo de la fachada principal. Al igual que el Isozaki Atea, la Domus también se proyectó en una zona degradada. A pesar de las espectaculares vistas de la costa atlántica, la mezcla heterogénea de bloques de viviendas del desarrollismo suponía un contraste evidente con las formas puras del museo. Un contraste que, sin embargo, ha demostrado funcionar a la perfección, creando un paisaje inconfundible en el que el edificio destaca como un icono de la ciudad. El propio Isozaki escribió: “El futuro del hombre puede empezar aquí, en A Coruña”.

 

 

Palau Sant Jordi en Barcelona (1990)

 Construido en 1990, el Palau es una de las joyas de la internacionalización de Barcelona, gracias a las Olimpiadas de 1992. Situado en el Anillo Olímpico de Montjuïc, ha trascendido su uso inicial hasta convertirse en uno de los lugares de referencia de la ciudad, gracias a la celebración de numerosos conciertos y eventos deportivos. Su característica cubierta fue construida a nivel del suelo y elevada finalmente hasta su posición con 12 gatos hidráulicos que tardaron 10 días en completar la operación.

 

 

Fotos: Aitor Ortiz, Bilbaoarquitectura, El poder de la palabra, Pritzker Price

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