Archilovers

Pritzker a la sostenibilidad

Muchos asocian el llamado nobel de la arquitectura a obras grandiosas, de formas revolucionarias y dimensiones colosales. Edificios emblemáticos cuyo principal cometido es convertirse en un icono estético de la ciudad que los acoge, una corriente que poco a poco va virando para reconocer la capacidad que tiene la arquitectura sostenible para transformar la sociedad.

Hace dos semanas pudimos ver cómo las passivhaus supusieron un hito en torno al que erigir toda una filosofía de arquitectura ecológica y cómoda. Sin embargo, esta semana vamos a ir un paso más lejos: os presentamos a los Pritzker que más empeño han puesto en defender que la sostenibilidad no es un extra, sino un requisito imprescindible. Ellos, mejor que nadie, han demostrado el potencial social de su arquitectura en los contextos más difíciles.

Hace ya algunos años, el gran arquitecto alemán Frei Otto, quien abre nuestra pequeña selección de Pritzkers, nos legó una reflexión que hoy hacemos nuestra: “¿Por qué construimos espacios que no son necesarios? Podemos construir edificios de dos o tres kilómetros de alto y diseñar auditorios inmensos y cubrir una ciudad entera, pero tenemos que reflexionar qué función tiene todo ello: ¿es realmente lo que la sociedad necesita?”

 

Sigheru Ban, Pritzker 2014

Este arquitecto japonés podría parecer, a priori, un intruso entre sus otros colegas galardonados con el Pritzker, pero su arquitectura merece una mirada más allá de las formas. Como pudimos comprobar hace unos meses, la optimización de los materiales no está reñida con el buen diseño, sino todo lo contrario. Ban, admirador declarado de Alvar Aalto, no solo ha hecho propia la predilección que el finlandés tenía por el empleo de materiales locales, sino que ha aplicado el factor económico a todo el proceso de construcción. De hecho, así llegó al material que lo ha hecho celebre en la construcción de edificios provisionales en contextos de crisis humanitarias: el cartón. Sus características estructuras de tubos de cartón encajan a la perfección con las apreciaciones del jurado que le concedió el Pritzker: “Para Shigeru Ban, la sostenibilidad no es un concepto que se pueda añadir después de los hechos, sino que es un factor intrínseco a la arquitectura. Sus obras se esfuerzan para encontrar los productos y sistemas apropiados que se encuentran en armonía con el medio ambiente y el contexto específico, el uso de materiales renovables y de producción local, cada vez que sea posible”.

 

 

 

Frei Otto, Pritzker 2015

El gran pionero de la arquitectura sostenible nunca llegó a recoger su premio Pritzker, anunciado justo un día después de su muerte. Sin embargo, sí llegó a saberse ganador, y se mostró sorprendido. Al fin y al cabo, el creador del revolucionario estadio olímpico de Múnich reconoció que nunca había hecho nada para ganar este premio, que su principal motivación profesional había sido “diseñar nuevos tipos de edificios para ayudar a los más necesitados, sobre todo a aquellos afectados por desastres naturales y catástrofes”. Una visión madurada durante el ejercicio de su profesión en la Alemania de posguerra, donde desde el principio defendió una arquitectura que economizase al máximo los materiales de construcción y que, al mismo tiempo, tuviese una mínima huella sobre el medio ambiente. En palabras del jurado que le concedió el Pritzker: “Frei Otto practicó, desarrolló y avanzó ideas de sostenibilidad incluso antes de que la palabra fuera acuñada”.

 

 

 

 

Alejandro Aravena, Pritzker 2016

Este arquitecto chileno siempre ha creído que la arquitectura es una herramienta para vivir mejor. Su preocupación por la problemática de la vivienda alrededor del mundo lo llevó a compartir de forma gratuita los planos de vivienda social que le valieron el premio. Una actitud que dice mucho de las fuertes convicciones profesionales de Aravena, quien después de la ceremonia alertó de que “solo la construcción sostenible es capaz de encarar los desafíos actuales”.  Asimismo, en este sentido, añadió: “Lo que realmente sale caro es construir mal; un edificio sostenible y adaptado al entorno lo disfrutan familias durante generaciones y también trae beneficios al conjunto de la ciudad”.

 

 

Photos: Cristobal Palma, Hiroyuki Hirai, Frei Otto. Foto portada: Ray Oranges

 

 

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