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La arquitectura de las formas

No hay duda de que la arquitectura y la escultura tienen mucho en común. Ambas son un juego de volúmenes en el espacio, aunque existe una diferencia sustancial: mientras que la escultura es un arte puro, la arquitectura se rige por la funcionalidad. Frente a la libertad absoluta del escultor, el arquitecto tiene la obligación de cumplir con una serie de necesidades concretas en cada obra. Sin embargo, la habilidad del arquitecto hace posible convertir esos condicionantes en ventajas: sacar partido de los límites y transgredirlos para demostrar que la funcionalidad no está reñida con la expresividad. Y mucho menos con la espectacularidad.

En ese sentido y sin ir más lejos, nuestro colaborador, el arquitecto Joaquín Torres del estudio A-cero ha reconocido inspirarse en escultores como Richard Serra o Jorge de Oteiza para potenciar el aspecto formal de sus obras. Él mismo aboga por una aplicación de los estilos escultóricos sin complejos, reconociendo al artista inspirador e incorporándolo como un valor estético intrínseco al edificio. Por supuesto, hablamos de una escultura abstracta, que trasciende lo figurativo y se ciñe a la esencia de las formas más puras. Una escultura que, en algunos casos, ha nacido de mano de los propios arquitectos. Artistas que han querido liberarse de los límites de la funcionalidad y dar rienda suelta a su capacidad para interpretar el espacio. Hoy hacemos un repaso de los tres que más nos inspiran.

 

Snake by Richard Serra

 

Le Corbusier

Es difícil hablar de la arquitectura contemporánea sin mencionar al genio francosuizo. Y, como no podía ser de otra manera, sus inquietudes artísticas también abarcan el terreno escultórico. En su caso, fueron una evolución de sus pinturas murales y de sus cartones para tapices. Precisamente un amigo suyo ebanista, Savina, le propuso crear esculturas a partir de sus murales y, al final, terminaron firmando entre los dos una serie de tallas de madera en cuyas formas se aprecian reminiscencias de Picasso. Los trazos sinuosos de sus pinturas se trasladaron a la escultura y, de ahí, tras su experimentación, pudo aplicarlas a la arquitectura. Fruto de esta evolución interdisciplinar nacieron obras como el Pabellón Philips de 1958; un alarde de curvas y tensión que evidencia las posibilidades de la escultura en el diseño de edificios. En palabras del crítico de arte Michel Ragon: “El que había sido el gran teórico del ángulo recto predicó en su vejez la curva”.

 

 

Zaha Hadid

Cualquiera que conozca la obra de Zaha Hadid sabrá reconocer una preocupación por lo formal, un sentido escultórico que impregna sus obras y la ayuda a crear una imagen de conjunto en cada construcción. La coherencia de los elementos que conforman sus edificios genera una firma estética característica y reconocible que, además, potencia el espacio interior, aunando forma y función como si fueran indivisibles. Esa capacidad, al igual que hemos visto en Le Corbusier, también nace de una inquietud artística, de un talento natural para la pintura y la escultura. Buena muestra de ello son exposiciones como la titulada Zaha Hadid. Beyond Boundaries. Art and Design, con la que visitó Madrid en 2012. Entonces, en sus propias palabras, ya se entreveía una evolución similar a la que Le Corbusier puso en práctica años antes: “Es como hacer pintura tridimensional y eso me parece muy estimulante. Concibes un pequeño modelo que puede convertirse en uno de mayor tamaño y hasta en un edificio”.

 

 

 

 

 

Frank Ghery

Es difícil separar la arquitectura de Ghery de la escultura, porque sus edificios son, en esencia, esculturas enormes y funcionales; construcciones capaces de desempeñar brillantemente su cometido, pero también bellísimos volúmenes que desafían las leyes de la física y experimentan con las texturas de sus materiales. En una escala reducida, no nos extrañaría encontrarlos en cualquier museo de arte moderno, incluso si desconociéramos que son maquetas de edificios. No en vano, el Guggenheim de Bilbao se creó gracias a la digitalización de los modelos que el mismo Ghery realizaba a mano. Un trabajo de ingeniería que hunde sus raíces en la belleza de las formas, algo que el Pritzker canadiense no solo pone en práctica en sus edificios, sino también en esculturas que representan su forma perfecta: el pez.

 

 

 

 

 

Photos: Guggenheim, Lisa Cohen, Pinterest, Yatzer

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