Archilovers

Nadar en el aire

Empieza a hacer calor. De acuerdo, no es una primicia, pero nos viene de maravilla para traeros uno de nuestros artículos clásicos del verano. Vamos a hablaros de piscinas y, en esta ocasión, nos sumergiremos en el aire para traeros las mejores piscinas voladas del mundo. Auténticas obras de ingeniería en las que nadar es también surcar el cielo.

Sky Pool en Londres.

Después de saltar, nadar es lo más parecido a volar que podemos hacer sin necesidad de accesorios y gadgets tecnológicos. Pero ¿cómo sería nadar en el aire? Desde el punto de vista estructural, un voladizo lleno de agua no parece la mejor opción. El agua pesa -mucho- y además se mueve. Si la naturaleza la ha puesto en agujeros en el suelo, por algo será, pero las leyes de la física también son parte de la naturaleza y, además, ¿de verdad necesitamos una justificación para ir un poco más allá? Os prometemos que el desafío merece la pena. Eso sí, el vértigo no es una opción.

Jellyfish House en Marbella

Jellyfish House en Marbella.

Si quieres ver el mar desde la piscina y te han construido una casa delante, o derribas la casa del vecino -suele tomárselo fatal-, o subes la piscina al techo de la tuya. Algo así debió ser el razonamiento de los arquitectos del estudio holandés Wiel Arets Architects cuando afrontaron el diseño de la Jellyfish House, en Marbella. Y ya que lo hacían, había que darle todo el protagonismo posible. Por eso, la situaron a la entrada de la casa, como si fuera un porche, pero no un porche cualquiera, sino uno de 60 toneladas en voladizo, con el suelo y una de las paredes de cristal.

Terraza bajo la piscina en la Jellyfish House.

Desde abajo, la luz del sol atraviesa la superficie y dibuja ondas sobre la zona cubierta, como si estuviéramos sentados en el fondo del mar. Y, desde arriba, con el horizonte despejado y una escalera que une la cubierta y el jardín, no necesitamos entrar a la casa para ir a la piscina. Un proyecto muy especial que, aparte del detalle obvio por el que la hemos elegido, nos llama la atención por su cuidado juego de volúmenes, muy escultórico y con ciertas reminiscencias brutalistas.

Sky Pool de Hal Architects

Piscina Sky Pool en Londres.

15 metros de longitud y 148.000 litros de agua suspendidos a 35 metros del suelo. Hay veces que los números hablan por sí solos, así vamos a seguir con ellos: aunque 15 metros es la distancia que separa los dos edificios sobre los que se asienta, la longitud total es de 25 metros; si tenemos en cuenta, que se trata de una sola pieza de cristal acrílico con 5 metros de ancho y 3 de profundidad, la dificultad solo es comparable a la de su transporte e instalación.

Sky Pool en Londres.

Los arquitectos del estudio Hal Architects llevaron a cabo una profunda investigación de materiales, hasta que dieron con una solución. Los ingredientes de partida eran: una cantidad enorme de agua, mucha presión por todas partes, variaciones de cargas por el empuje del viento y la necesidad de que la pieza fuera transparente y funcionase estructuralmente de manera independiente. La respuesta ahora parece obvia: había que buscar fabricantes de acuarios. El problema es que la empresa capaz de llevarlo a cabo, Reynolds Polymer Technology, estaba en los Estados Unidos, más concretamente, en Colorado.

Render del proyecto de la Sky Pool.

Y desde allí viajó por carretera hasta Texas y luego en barco hasta los Países Bajos, donde la trasladaron a otro barco que la llevó hasta Londres a través de Támesis. Después solo hubo que cortar unas cuantas calles para que un camión gigantesco la llevase hasta los Embassy Gardens, donde una grúa de 750 toneladas la encajó entre los dos edificios que la sostienen. Una odisea que ha sido en sí misma toda una operación publicitaria y que ha incrementado aún más el éxito comercial de este proyecto residencial en Nine Elms. Un icono de la ingeniería para un barrio de reciente creación cuya arquitectura vanguardista está marcando un hito en el urbanismo londinense.

Odiseo en Murcia

Uno de los voladizos de la piscina del Odiseo vista desde abajo.

El arquitecto Manuel Clavel firma la piscina volada más grande de Europa. 44 metros de agua, divididos en dos salientes de 22 y 22, que se extienden sobre el vacío a 27 metros del suelo. Una proeza de la ingeniería que aporta un rasgo diferencial a un edificio que, sin ella, tampoco pasaría inadvertido. Son 15.500 m2 de Las Vegas a las afueras de Murcia, donde, además de la piscina se incluye un casino, una sala de espectáculos, una discoteca, tres restaurantes, un bar…

Edificio Odiseo con su iluminación nocturna.

Desde luego, el edificio llama la atención, circundado por vías de alta velocidad y en mitad de un paisaje rodeado por vallas publicitarias y todo tipo de reclamos comerciales. Tiene algo de distópico y futurista, sobre todo por noche, con una iluminación que potencia sus aspectos más identificativos. El rótulo, la piscina, la vegetación del nivel intermedio, la gran entrada; todo se ha tratado con una clara intención escenográfica y, consideraciones estéticas aparte, funciona.

Piscina del Odiseo sobre el horizonte despejado de Murcia.

Como anécdota y, siguiendo con el show business, el propio arquitecto fue el primero en probarla, todavía con el edificio a medio terminar. Después de oír sus palabras, la verdad es que dan ganas de probar la experiencia: “Reconozco que tuve que armarme de valor… Ser el primero implicaba cierta dosis de atrevimiento. Pero el creador tiene que estar dispuesto a probar su creación, a asumir el “riesgo” de inaugurarla, y una vez dentro comprobé que la piscina garantiza una experiencia extraordinaria que tiene que ver con el vértigo que produce nadar sobre la nada. Es como si volaras por encima del edificio con las vistas de unas montañas que se dibujan en fondo”.

Casa Cultural del Agua de Kengo Kuma

Piscina del Centro Cultural del Agua.

Frente a Copenhague, en un antiguo enclave industrial, se sitúa la Isla de Papel. Este nombre tan evocador se debe a que en sus naves se almacenaban las reservas de papel de la asociación danesa de la prensa. Tras años de reconversión, gracias a un proyecto temporal para crear un mercado con puestos de comida y polos culturales como la galería Copenhague Comporary y el centro de ciencia Experimentarium, estos 29 kilómetros cuadrados se enfrentan a una segunda reinvención gracias a un proyecto titánico: la Casa Cultural del Agua. Con semejante temática ¿qué lugar mejor que una isla?

Piscinas interiores del Centro Cultural del Agua.

El ayuntamiento de Copenhague convocó un concurso al que concurrieron algunos de los estudios más punteros del país e incluso algunas de las figuras más brillantes del panorama arquitectónico nacional y mundial, como Bjarke Ingels, que se presentó con COBE, estudio ganador del concurso para diseñar el plan maestro de la isla. Sin embargo, el fallo se produjo por unanimidad y las pirámides de Kuma despuntaron entre los demás candidatos como lo harán en el sobre el perfil del horizonte marítimo.

Piscina exterior entre las pirámides del Centro Cultural del Agua.

El proyecto se ha planteado como una serie de formaciones casi naturales, unos volúmenes cónicos que emergerán de las aguas y contendrán piscinas cubiertas. Mientras tanto, en la cubierta, entre las pirámides, se situará un valle que acogerá la espectacular piscina exterior volada. Nadar entre las cimas de las estructuras y volar de una a otra sin salir del agua será una experiencia única.

Centro Cultural del Agua.

FOTOS: Embassy Gardens / Jan Bitter / Expansión / David Frutos / Kengo Kuma & Associates.