Archilovers

El secreto de la pirámide

Le Corbusier distinguía cinco formas elementales en la arquitectura: los cubos, los conos, las esferas, los cilindros y las pirámides; aquellas que “la luz revela bien”. Hoy nos centramos en las últimas para ver cómo ha evolucionado la construcción piramidal hasta nuestros días. Desde los excesos de las Vegas, hasta la icónica pirámide del Louvre, sin olvidar algún ejemplo patrio reconocido entre los edificios más feos de España. Quedaos con nosotros y acompañadnos a descubrir el secreto de la pirámide.

Meseta de Guiza en torno a 1880.

El papel de la pirámide en la arquitectura es un tema que sencillamente no podemos afrontar en un post. Ni en veinte. Ni en dos o tres tesis doctorales. No obstante, si podemos invitaros a sumergiros en un mundo apasionante que nos traslada a las grandes gestas arqueológicas del siglo XIX, a las hazañas de la ingeniería antigua y, por supuesto, a decenas de teorías conspirativas que incluyen la presencia de una primitiva civilización alienígena establecida en la Tierra.

Pirámides alrededor del mundo.

Sea como fuere, existen dos verdades indiscutibles: que las pirámides están presentes en culturas muy distantes a lo largo del globo y que, más allá de todo misterio, es la forma más estable de crear una estructura muy alta. Partiendo de esto, hay otras curiosidades, como el papel de la astronomía en la alineación de las pirámides y su orientación con respecto al sol, sobre todo en los equinoccios. Ya sean enormes o pequeñas, templos o tumbas, ya estén en Egipto, México, Italia, Sudán, Indonesia, China, Irak, Irán o Camboya, la pirámide es una forma presente en nuestro inconsciente colectivo. Una forma que quizás por herencia de la antigüedad o por su propia configuración -no deja de ser una montaña- nos remite al poder y a la divinidad.

Construcción del Hotel Luxor en Las Vegas.

Seguramente por este motivo, en la actualidad ha derivado en edificios relacionados con la cultura, el dinero, la megalomanía política y, ¿por qué no? Con la idea de hacer singular cualquier estructura que no tendría por qué serlo. Vamos a verlo.

La pirámide del Louvre en París

Ilusión óptica del artista JR para celebra el trigésimo aniversario de la pirámide del Louvre.

Sin lugar a dudas, la pirámide del Louvre ha demostrado ser un ejemplo de cómo hacer bien las cosas. No solo ha sabido aplicar la forma desde un punto de vista actualizado, consiguiendo que el diseño sea vanguardista y además funcional como lucernario, también se ha convertido en el símbolo de identidad de una institución ya icónica por sí sola.

I.M. Pei sentado junto a su creación más célebre.

Todo empezó en 1981, con la elección de François Mitterrand como presidente de la República. Desde el principio, Mitterrand se tomó como algo personal el reto de renovar las viejas instituciones culturales francesas. Entre ellas, la ampliación de Louvre era su proyecto estrella y, para llevarlo a cabo, decidió arriesgar con el arquitecto I.M. Pei.

Escalera y vestíbulo del Louvre bajo la pirámide de vidrio.

En lugar de intervenir directamente en los edificios preexistentes, Pei optó por actuar sobre el patio Cour Napoleon y creó un sistema subterráneo que acoge, entre otras instalaciones, el gran vestíbulo de acceso. Precisamente, sobre este espacio fundamental se abre el lucernario de acero y vidrio que guarda las mismas proporciones de la pirámide de Giza y que cuenta también con otras tres pirámides más pequeñas que contribuyen a iluminar el espacio inferior.

Pirámide invertida del Louvre.

A pesar de las críticas iniciales, la ampliación de I.M Pei se ha consolidado como un monumento más de París, un enlace entre la tradición y el futuro cultural de Francia; entre las antigüedades egipcias que forman parte de la colección del Louvre y su peso simbólico en la fundación del museo.

Hotel Ryugyong en Pionyang

Panorámica de Pionyang con el hotel Ryugyong.

A medio camino entre una pirámide, un cohete y el ambientador de pino de un retrovisor, el edificio más alto de Pionyang tiene mucho de obra faraónica. Su construcción se inició en 1987 y, con sus 330 metros de altura, pretendía ser el hotel más alto del mundo. Un récord que habría conseguido sin ningún problema, incluso si se hubiera terminado 22 años después, cuando la Rose Tower de Dubai superó por solo tres metros al gigante norcoreano. Pero no se terminó. Y a día de hoy tampoco ha habido ninguna inauguración oficial… Que se sepa.

Lucernario del vestíbulo principal en 2016.

Porque saberse se sabe poco. De los orígenes del proyecto sí, y eso que son controvertidos. No en vano, el cometido del edificio era la entrada de capital occidental para el paraíso comunista de Kim Il-sung. Con el Ryugyong, el régimen de Corea del Norte pretendía conseguir nada más y nada menos que 230 millones de dólares, así como dar permisos a los inversores para operar en casinos y clubes nocturnos. De la gestión se encargaría la empresa Ryugyong Hotel Investment and Management Co. y el diseño del rascacielos correría por cuenta de Baikdoosan Architects & Engineers. Y todo con un plazo muy ambicioso: el Festival de la Juventud de 1989.

El Ryugyong tal y como permaneció durante 16 años

El problema vino con la caída de la URSS, porque el Ryugyong era la contrapartida comunista del hotel Westin Stamford de Singapur. Una guerra fría hotelera que perdió el norte -en todos los sentidos-, ya que, en 1992, sin el apoyo soviético y en mitad de una hambruna generalizada, el gobierno decidió paralizar las obras tras haber alcanzado la altura total prevista. Lo que quedó fue una estructura descomunal que permaneció desnuda durante 16 años, un tiempo durante el cual, nadie hablaba del edificio y ninguno de los turistas que visitaban Pionyang podía fotografiarlo. Sencillamente no existía. Hasta se borraba de las imágenes oficiales. “¿Un edificio de 105 plantas inacabado en mitad de la ciudad cinco veces más alto que cualquier otra cosa a la vista? No se de qué me habla”.

Obras de revestimiento e instalación de la piel de vidrio del Ryugyong en 2008.

El mutismo terminó en 2008, cuando una empresa de telecomunicaciones egipcia se ofreció a terminar también esta pirámide. Bueno, más bien a forrarla de vidrio y a instalar el revestimiento exterior. Una operación de 180 millones de dólares a cambio de tener la concesión de la telefonía móvil en todo el país. Por fuera ya parece un rascacielos, por dentro ¿Quién sabe?

Hotel Luxor en Las Vegas

Vista nocturna del Hotel Luxor.

Muchos pensarán: “En Las Vegas ¿dónde si no?” Pues sin salir de Estados Unidos, podríamos haber escogido la Walter Pyramid, en Long Beach, o el Pyramid Arena de Memphis. De hecho, esta última habría tenido mucho sentido, sobre todo si tenemos en cuenta que Menfis fue la capital del antiguo Egipto, la Menfis de Egipto, claro; no la de Tennessee. Aun así, no hemos podido resistirnos a las luces del Strip, en cuyo extremo sur se alzan los 106 metros del Luxor, inaugurado en 1993 como el edificio más alto de la ciudad hasta la construcción del MGM Grand.

Interior de la pirámide del Luxor.

También en su momento fue pionero en la categoría de hoteles temáticos de Las Vegas y lo hizo a lo grande, con más de 4.400 habitaciones distribuidas en 30 pisos en torno a un patio interior. Un patio que es el gran vacío de la pirámide, prácticamente hueca por dentro y con una altura libre espectacular sobre la zona de juego. Hay espacio de sobra para dos mastabas, un obelisco, 2000 tragaperras y 87 mesas de juego. Suponemos que, si alguien accediera a la cámara acorazada y le preguntáramos qué ve, nos respondería con aquellas palabras de Howard Carter: “Cosas maravillosas, veo cosas maravillosas”. Que sea más o menos hortera es lo de menos.

Edificio Montreal en Alicante

Edificio Montreal, la pirámide de Alicante.

Acabamos el recorrido en Alicante y su recientemente célebre Edificio Montreal, conocido invariablemente como La Pirámide. Podíamos haber optado por un proyecto más noble y de más calidad arquitectónica, como La Pirámide de Antonio Lamela, en Madrid, pero hay veces en que la actualidad manda. Y reivindicar el riesgo en la arquitectura popular también.

El Edificio Montreal en su entorno urbano.

Porque el Edificio Montreal no es un residencial de lujo, ni se encuentra en el centro de la capital alicantina. No es que hasta ahora hubiera pasado inadvertido, pero su nombramiento como edificio más feo de España lo ha lanzado al escarnio público en la prensa nacional. Y tampoco es que Forocoches sea precisamente el jurado del Pritzker, pero han sido sus usuarios los que le han otorgado el título y la opinión pública les ha hecho caso.

Edificio Montreal en la trama urbana.

Polémicas aparte, lo cierto es que estamos ante un edificio que se ha convertido en un punto de referencia de la ciudad. Su particular estética es obra de Alfonso Navarro Guzmán y, si tenemos en cuenta que es un edificio de 1968, que ofrecía nada mas y nada menos que 180 viviendas, que su incluía jardines privados y que tiene unas vistas espectaculares, el proyecto tiene su valor. Es más, el conjunto residencial, con sus locales y sus dúplex es muy interesante. Quizás el problema no sea tanto su diseño como su envergadura y la posición tan predominante que tiene, elevada destacada sobre la trama urbana. Por otro lado, tampoco está tan mal ser el edificio más feo de España, más aún si te lo disputas con el Walden 7 de Bofill, o el Edificio Mirador de MVRDV. Eso sí, según su arquitecto, de pirámide nada. Es un barco con las velas desplegadas…

Folleto publicitario del Edificio Montreal.

FOTOS: The Art Newspaper / Todo Cuadros / Metalocus / Lovefood / Reddit / Vtwctr / Cordon Press / Trivago / Novocom / Wikipedia / Diario de Alicante / Alacantí de Profit.