Archilovers

La casa de vidrio

Las estructuras metálicas y la posibilidad de fabricar láminas de vidrio de gran superficie dieron lugar a un modelo de arquitectura donde la luz es el principal elemento constructivo. Los materiales que empezaron en el siglo XIX como una opción fundamentalmente industrial se convirtieron en la opción favorita de los gurús del movimiento moderno. Esta semana revisamos algunas de las casas de cristal que hicieron historia.

Palacio de Cristal en los jardines del Retiro (Madrid).

La llamada arquitectura de cristal y hierro nos retrotrae a la revolución industrial, pero también a las grandes infraestructuras públicas, como las estaciones, los mercados e incluso los pabellones de las exposiciones universales. Sin mucho esfuerzo, se nos vendrá a la cabeza el Palacio de Cristal del Retiro en Madrid, pero hubo ejemplos tan espectaculares como el Crystal Palace de Londres, cuya fachada principal media más de medio kilómetro.

Crystal Palace de Londres.

El perfeccionamiento de la tecnología y las técnicas construcción pronto permitieron fabricar planchas de vidrio mucho más grandes que las de aquellas primeras edificaciones. Y, si a ello le sumamos la revolución conceptual del racionalismo de la Bauhaus, el resultado es la génesis de la arquitectura moderna, con sus espacios donde la casa es el propio espacio y no la estructura que lo limita. Al eliminar los muros de carga y convertir las aberturas en los propios muros, las fronteras entre interior y exterior se difuminan. Entonces, el edificio deja de ocupar un lugar y pasa a generarlo.

Casa Farnsworth.

Hoy, hemos escogido algunos de los edificios que marcaron en camino a seguir. Por supuesto, los grandes rascacielos y sus interminables muros cortina son los ejemplos más espectaculares, pero hemos querido centrarnos en las casas unifamiliares; en cómo se planteó la transparencia dependiendo del hábitat en el que se enmarcaba cada edificio. Os invitamos a acompañarnos por las interminables praderas de Connecticut, por las viejas calles de Paris y por la selva brasileña de Sao Paolo.

Glass House de Philip Johnson en New Canaan (Connecticut)

Glass House de Phillip Johnson.

Era la Glass House o la Farnsworth House, pero de la segunda ya os hemos hablado mucho, así que vamos con Philip Johnson y su proyecto de tesis en Harvard. De hecho, ambas se diseñaron prácticamente a la par y Johnson se basó en el mantra de Mies “less is more” para afrontar el diseño de su casa. “Much more” y “much less” en este caso, ya que la Glass House es una verdadera desmaterialización del espacio. Un prisma de vidrio donde el techo parece descansar sobre el cilindro de ladrillo que contiene la chimenea y el aseo. El resto es una estructura metálica reducida al mínimo que recorre el perímetro de la casa para sostener los cristales que cubren -y descubren- los laterales de suelo a techo.

Phillip Johnson delante de su Glass House.

La crítica obvia es la falta de privacidad; la otra, el excesivo parecido con la Casa Farnsworth. Sobre la primera, os diremos que está garantizada. Johnson construyó su casa transparente en una finca privada de 190.000 metros cuadrados que había heredado de su familia. Basta decir que tiene su propio lago y que hay otras dos construcciones, la Casa de Ladrillo y el Pabellón del Lago, unidas las tres por un sendero que las une y las separa a través de una zona de bosque denso.

Interior de la Glass House.

En cuanto a la falta de originalidad, os dejamos con las palabras de Johnson. Primero en su artículo de Architectural Review en septiembre de 1950: “La idea de hacer una casa de vidrio proviene de Mies van der Rohe […] sólo cuando vi los bocetos de la casa Farnsworth empecé el trabajo de tres años de duración que ha supuesto proyectar mi casa de vidrio”. Y luego en una carta al propio Mies: “Querido Mies: Siento que no nos hayamos vuelto a ver desde mi visita a la casa Farnsworth […] No encuentro palabras para expresarte cómo admiro la arquitectura. Tus soluciones brillantes a los problemas que llevan años ocupándonos son impresionantes. Las uniones entre los perfiles de acero son tan claras, tan bellamente concebidas, que no creo que nadie pueda superar nunca. Está resuelto de una vez y para siempre. La ejecución también me parece maravillosa. Estoy sorprendido de que hayas encontrado operarios capaces de hacerlo tan bien. No puedo decantarme por nada en concreto porque cada cosa está tan bien como la siguiente. Quedo exhausto de imaginar todo el trabajo que has hecho”.

Interior de la Glass House.

Original o no, la fuerza icónica de la Glass House está hoy fuera de toda duda. También su habitabilidad, al menos para el propio Johnson, quien vivió en su creación hasta su muerte en 2005. Quizás la descripción más acertada pertenezca al crítico de arte Henry-Russell Hitchcock. Nada más ver el proyecto, exclamo: “It’s really more Mies than Mies!”

Maison de Verre en Paris

Maison de Verre en París.

La Maison de Verre es de una modernidad brutal. Un funcionalismo descarnado con soluciones para modular el espacio que son, en sí mismas, un puro exceso; como si sus autores, Chareau y Bijvoet, hubieran querido demostrar todo lo que podían hacer en un solo espacio. Algo así como la función por la función, lo que no deja de ser una maravillosa contradicción. Una casa que es una navaja suiza llevada al extremo, capaz de hacer tantas cosas que nunca vamos a hacerlas todas.

Evolución de la construcción de la Maison de Verre.

Su existencia se la debemos a una mujer que no quiso abandonar su casa. Porque eso fue lo que pasó cuando los Dalsace compraron un edificio en París para echarlo abajo y levantar la clínica ginecológica de él y la vivienda de ambos. ¿El edificio entero? No, en este caso la aldea de irreductibles galos se reducía a una irreductible gala que vivía en el segundo. No hubo manera de convencerla para vender, así que la solución pasó por apuntalar la vieja construcción con la estructura de la nueva y derruir la planta baja y la segunda.

Escalera principal con paneles para tamizar la luz en la Maison de Verre.

De esta manera, mientras la irreductible propietaria veía desaparecer la casa bajo sus pies, los arquitectos fueron dibujando los límites del vacío con un entramado metálico de vigas y columnas. Luego vinieron los bloques de vidrio encajados en una cuadrícula de acero abierta solo para acoger las ventanas que recorren la fachada dibujando paralelas transparentes. Una transparencia que también encontramos en la planta baja acristalada de la fachada principal y en un volumen también acristalado, esta vez en voladizo, en la fachada posterior.

Salón de la Maison de Verre.

En cuanto al interior, que era la especialidad de Chareau, es un verdadero espectáculo. Si desde fuera parece imposible que la casa sea de 1928, la distribución espacial del interior va todavía más lejos; con su puerta giratoria, sus dobles alturas y tabiques móviles, su puerta giratoria, las escaleras escamoteables, los peldaños practicables, o los paneles oscilantes para tamizar y dirigir la luz. Y así hasta el infinito. Todo lo necesario y más para hacer posible su doble función médica y residencial. ¿Y funcionaba?

Tabique móvil en la Maison de Verre.

El Doctor Dalsace opinaba que sí: “Gracias a una anciana que no deseaba abandonar su sórdido apartamento en el segundo piso, Pierre Chareau realizó una hazaña estructural consistente en tres pisos luminosos, dentro del piso bajo y el primer piso de esta pequeña casa urbana. Estos dos pisos habían sido tan oscuros, que los empleados de la vieja señora, que viviría hasta los cien años, estaban obligados a trabajar a lo largo de todo el día con luz artificial. En cambio, ahora, la luz penetra libremente, alrededor del edificio del cual la planta baja está dedicada a la consulta, el primer piso a la vida social y el segundo como morada nocturna. El problema que se planteó era enormemente difícil de resolver. La interpenetración de habitaciones, algunas de las cuales atravesaban dos pisos (por ejemplo, la sala de consultas y el vestíbulo) hizo que el problema del aislamiento del ruido fuera muy difícil… El piso bajo, la parte profesional de la casa, facilita el trabajo y permite a los clientes, una vez que ha desaparecido su ansiedad, una gran sensación de calma. La casa en su conjunto fue creada bajo el signo de la amistad, en perfecta armonía afectiva”.

Además, como figura destacada del partido comunista francés, el doctor convirtió su casa en un punto de encuentro para intelectuales como Walter Benjamin y artistas y escritores como Pablo Picasso, Joan Miró, Max Ernst, Jean Cocteau, Max Jacob y Louis Aragon, entre muchos otros. Un elenco de personajes que discurrían entre los elegantes muebles de Chareau y la estructura vista de Bijvoet, caminando sobre suelos revestidos de caucho Pirelli o llamando desde la cabina de teléfono con su suelo de -cómo no- vidrio retroiluminado. Un escenario de película.

Consulta del Doctor Dalsace.

La casa de Vidrio de Lina Bo Bardi en Sao Paulo

Casa de Cristal de Lina Bo Bardi.

Al igual que Phillip Jonhson -y así cerramos el círculo-, Lina Bo Bardi vivió en su casa de cristal hasta su muerte. Y si la de Johnson fue su tesis doctoral, la de Bo Bardi fue su primera obra construida, a los pocos años de llegar a Brasil desde su país natal, Italia. Un hito vital y profesional que muchos relacionan con la casa Farnsworth, o la propia Glass House, pero que, si obviamos este detalle, tiene mucho más de Le Corbusier.

Los pilotes de la casa se mimetizan con los troncos de los árboles.

La casa se alza sobre un terreno con una fuerte pendiente. Y decir que “se alza” es ser literal: mientras la parte trasera se asienta en el terreno mediante muros de carga, la fachada principal se eleva sobre pilotes y deja su acceso en manos de una escalera de diseño industrial. De igual modo, donde la parte trasera es más opaca y maciza, el volumen elevado consiste en dos forjados de hormigón y un muro continuo de cristal. Parece así que la parte en contacto con la tierra absorbe su solidez, mientras que la parte aérea se hace ligera y, precisamente, llena de aire, sin una frontera espacial visible.

Alzados de la Casa de Lina Bo Bardi.

A pesar de que muchos artículos sobre la Casa de Vidrio se centren en su relación con la naturaleza, cabe mencionar que esta interacción no siempre fue tan directa. Sobre todo, si echamos un vistazo a las fotografías del proyecto recién terminado. Para empezar, esa selva que siempre habíamos considerado previa a la casa no era, ni mucho menos tan espesa. Donde hoy no podemos distinguir la construcción desde el cielo, en sus primeros años la casa despuntaba por encima de la vegetación y, desde el salón, Lina Bo Bardi disfrutaba de unas fantásticas vistas del todo el paisaje circundante y de la cercana Sao Paolo.

Salón de la casa de Lina Bo Bardi.

Por tanto, es inevitable cuestionarse hasta que punto la inclusión de la casa en la naturaleza fue intencional o fue sobrevenida. La respuesta fácil y lógica es que fue las dos cosas. Desde luego fue intencional, porque el proyecto inicial contemplaba la plantación de un bosque alrededor de la estructura y además dibujaba una serie de senderos que recorren erráticamente el terreno. Sendas que sortean los futuros árboles y se curvan para impedir ver el final del camino, igual que la propia calzada de acceso. Asimismo, el patio que rodea el gran árbol preexistente demuestra la voluntad de mimetizarse con el medio natural, una voluntad que debió ayudar a la siguiente conclusión: la situación final de la casa también fue un poco sobrevenida. Si bien no se hizo nada para domesticar el bosque, la atalaya del volumen acristalado, su orientación, su posición en la parcela y, sobre todo, sus vistas originales nos hacen pensar que, al menos, aquella parte de la casa surgió como un espacio de observación.

Escalera de acceso.

Su condición aérea, tan evidente, se rompe en cierta forma con el crecimiento de los árboles. Ya no se abre al paisaje porque el paisaje se ha cerrado sobre la casa. De hecho, no hay paisaje, sino un velo continuo de vegetación. Y ello, en cierta forma, le resta sentido al vidrio. Allí donde la casa Farnsworth y la Glass House se abren al horizonte, a pesar de estar a ras de suelo, la casa de Bo Bardi se levanta sin horizonte. Y, donde la Maison de Verre, utiliza el vidrio para esconderse de la ciudad y para no ver el no-paisaje, la casa de Bo Bardi se vuelve transparente y se esconde de la ciudad con el propio paisaje, que, desde el interior, es también un no-paisaje.

Patio abierto para incluir en la casa un árbol prexistente.

Fuentes bibliográficas: Tarrago Mingo, Jorge; Más Mies que el propio Mies. Philip Johnson y algunos límites de la originalidad, 2015 / Frampton, Kenneth; La Maison de Verre en Revista Arquitectura, nº275-276, 1989 / Wikiarquitectura / Maya, Farhid. Construir el Paisaje, Cuatro casas de arquitecto, 2014 / Metalocus.

FOTOS: Flipboard / hyperbole / Plataforma Arquitectura / CR Fashion book / Archello / David Mclane / Documentos de Arquitecura / Dezeen / Amuse VICE/Leonardo Finotti / Blog Fundamentos / Metalocus / Pinterest / Yorgos Efthymiadis

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