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Vivir en la ruina

A la hora de afrontar una rehabilitación, el punto de partida es esencial. Recuperar el esplendor original tiene dos caminos; una restauración fidedigna, o una intervención contemporánea. La primera tiene tantos detractores y tantos partidarios como la segunda, pero a nosotros nos interesa más la segunda. Por eso hemos elegido algunas de las mejores casas que mantienen sus heridas como seña de identidad.

Casa Xólotl en Mérida (México).

El reciente incendio de Notre Dame trajo consigo un interesante debate y cientos de propuestas muy vanguardistas sobre su posible restauración. Las opciones eran infinitas y las posibilidades, enormes. Sin embargo, actuar sobre un icono mundial, cuyo significado trasciende su valor arquitectónico, era demasiada responsabilidad. Demasiada presión. Como todos sabéis, al final, se optó por una reconstrucción fidedigna. Algo así como parar el tiempo, o mejor, extraer la bobina de la historia y cortar los fotogramas que contengan fuego. Una suerte de censura en los siglos del vida del templo, aunque una censura comprensible.

Propuesta de rehabilitación de Notre Dame de Ulf Mejergren Architects.

Comprensible, porque el riesgo era grande y el margen de equivocación mínimo. Nadie habría perdonado una intervención inadecuada y nunca habría existido un consenso sobre lo adecuado en este caso. Así que, aunque nos perdamos algunos proyectos apasionantes, no perdemos Notre Dame tal cual existía, lo que es un consuelo para la mayoría. Al fin y al cabo, nadie le habría quitado el tejado para poner una piscina si no se hubiese quemado. Pero ¿qué ocurre con un edificio que nos llega en ruinas? No un icono que sufre un accidente, sino una ruina de otro tiempo. Sin parar la película.

Polémica restauración del Castillo de Matrera.

De nuevo la disyuntiva es profunda, aunque en este caso se suele optar por una arquitectura que se diferencie del edificio original. Nadie entendería reconstruir el Coliseo tal cual lo vio terminado el emperador Tito, aunque, en realidad, nadie entendería ningún tipo de acción sobre semejante símbolo histórico. Sin embargo, aunque a menor escala, algo así tuvimos la oportunidad de experimentar en España con la restauración del Teatro Romano de Sagunto. El proyecto de Grazzi y Portaceli llegó a los juzgados y se ordenó su demolición. A día de hoy, sigue en pie porque revertirlo tiene un coste inasumible para la Administración.

Teatro Romano de Sagunto.

Pero ¿y si la ruina que tenemos entre manos va a ser nuestra propia casa? ¿Y si decidimos incorporarla a un proyecto que respeta su fuerza estética? Entonces obtendremos un edificio único y habremos revivido un pedazo de historia, por pequeño que sea.

Iglesia de TAS de Garmendia Cordero Arquitectos

Vista del ábside-cocina de la Iglesia de Tas.

Cuando el estudio Garmedia Cordero Arquitectos estudió la viabilidad de su restauración, el estado de esta pequeña iglesia del siglo XVI era muy preocupante. Con la cubierta desplomada en el interior, la abundante lluvia de Sopuerta había puesto en riesgo la estabilidad estructural del edificio, lo que supuso un reto, no en el aspecto técnico del proyecto, sino también en cuanto a la rapidez de su ejecución.

Misma perspectiva del ábside antes de su restauración.

Así y todo, se priorizó la voluntad de intervenir la edificación original lo menos posible, de manera que los nuevos elementos se identificasen inequívocamente como tales. Además, a lo largo de todo el proceso, el estudio trabajó de manera coordinada con el propietario, ya que no se podía afrontar como un proyecto convencional. Muy al contrario, se trataba de una doble adaptación; de una iglesia a una vivienda, con sus necesidades de luz, diferenciación de espacios; y de una vivienda a una vivienda a la medida de quien iba a habitarla.

Vista de la parte del coro y la subida al campanario, reconvertida en dormitorio y estudio.

Por ello, el proyecto fue cambiando a medida que se llevaba a cabo, conjugando las necesidades y gustos del propietario con el máximo respeto al carácter del edificio. De esta manera, partiendo de unas premisas muy claras, se consiguió flexibilizar todo el proceso para conseguir una vivienda extraordinaria en todos los sentidos. Y, todo ello, a la vez que se recuperaba y se salvaba de la ruina un edificio con siglos de historia. Un trabajo redondo.

Casa Xólotl de Punto Arquitectónico

Vista nocturna del patio de la casa Xólotl.

La Casa Xólotl está en pleno centro histórico de la ciudad mexicana de Mérida. Vista desde fuera, parece una más entre las muchas casas bajas de la zona. Quizás un poco más cuidada; se nota que ha sido recientemente rehabilitada, pero nada delata lo que esconde de puertas para adentro. Un auténtico oasis que utiliza las antiguas paredes del edificio original para crear un ambiente único.

Misma perspectiva antes de la restauración.

En un primer momento, el estudio Punto Arquitectónico tomó como punto de partida una casa de 100 metros cuadrados que ocupaba una parcela de 220. Y, en lugar de derribar la estructura original, muy deteriorada, los arquitectos decidieron reutilizarla para crear un proyecto muy característico. De hecho, los antiguos muros, cuya curiosa mampostería se ha dejado al descubierto, ya no marcan los límites entre interior y exterior, sino que adquieren un matiz de ruina muy interesante.

Espacio social de la casa Xólotl.

Un matiz que adquiere especial protagonismo en el uso del agua y en su integración con la arquitectura. Porque la piscina no es una lámina de agua domesticada que permanece quieta como una prolongación del suelo. En la Casa Xólotl, el agua entra y sale de los antiguos espacios interiores; los inunda y permite nadar a través de los muros, cruzar el umbral de los antiguos huecos como si habitáramos una vieja construcción emergida de un lago.

Croft Lodge Studio de Kate Darby y David Connor

Salón de Croft Lodge House.

Para la rehabilitación de una antigua casa de campo en Herefordshire, los arquitectos Kate Darby y David Connor decidieron cambiar radicalmente de perspectiva. Si hasta ahora, hemos visto que las paredes podían mantener su vieja función de contenedor -aunque sea con una piscina de por medio-, ahora vamos a ver cómo pasan a ser contenidas. Porque Croft Lodge Studio es una casa dentro de otra, una gigantesca matrioska habitable.

La casa original antes de ser encapsulada en la nueva.

Afuera, una vanguardista y minimalista coraza metálica preserva y resguarda la antigua estructura del siglo XVIII, absolutamente intacta, tal cual se encontró, sin la más mínima restauración. En el interior, la construcción preexistente adquiere una dimensión escultórica. La apariencia de ruina es total, hasta tal punto que se han mantenido las vigas de madera podrida, o las paredes de tablones enlucidos, ya liberados de sus funciones originales y convertidos en piezas de museo. Hasta la hiedra seca y la escayola desprendida se han respetado, dando lugar a un abandono habitado, encapsulado para mantenerlo ajeno al discurrir del tiempo.

Vista exterior nocturna de la Croft Lodge House.

Y, por si fuera poco, Darby y Connor han logrado que el proyecto sea un ejemplo de sostenibilidad: las dos estufas de leña, los paneles fotovoltaicos del tejado y los 100 metros de tuberías que sirven de acumulador solar para el agua caliente dan lugar a una casa prácticamente autosuficiente.

The White House de WT Architecture

La gran grieta de la la White House.

La enorme grieta que recorre de arriba abajo la pared de esta casa del siglo XVIII da idea del motivo de su abandono. Lo sorprendente es que también fue el motivo de su rehabilitación, ya que tanto los propietarios como los arquitectos tuvieron como prioridad mantenerla como rasgo característico, sin cerrarla visualmente, incluso potenciando su presencia, a pesar de llevar a cabo una profunda labor de estabilización estructural.

Vista nocturna de la White House.

Al contrario que en el Croft Lodge Studio, la White House de WT Architecture otorga al edificio original todo el protagonismo. Es más, las paredes de mampostería construidas con piedra caliza actúan como una carcasa casi tricentenaria para un hogar del siglo XXI, un espacio oculto que apuesta por la sostenibilidad. Buena muestra de ello es la inclusión de vegetación en el techo, o el suelo de pizarra, que se calienta gracias al sol que penetra por los grandes ventanales y actúa como superficie radiante.

FOTOS: Archilovers, Diariodesign, Veredes, Dezeen, Arquitectura Panamericana, Ignant, Kate Darby Architects, Andrew Lee, Archdaily, Fotomúsica, Ulf Mejergren Architects.