Archilovers

La casa fuera de casa

Una de las lecciones que hemos aprendido a raíz de la pandemia ha sido el valor de los espacios exteriores en nuestras viviendas. Durante el confinamiento, muchos se han preguntado por qué insistieron tanto en darle la terraza al salón, o en qué estaban pensando cuando decidieron acristalarla. Lo cierto es que aquellos espacios que quedaron al aire libre se convirtieron en verdaderos reductos de libertad y, por ello, hoy les rendimos nuestro particular homenaje.

 

 

El balcón, como recurso para poder poner una puerta donde iría una ventana, o la terraza, como extensión del espacio habitable cotizan al alza en cualquier vivienda que salga al mercado. La incertidumbre ante el Covid-19 y la revelación de que esta situación puede repetirse en cualquier momento, nos ha llevado a la certeza de que para “salir de casa” no hace falta salir de casa. Y esa contradicción, como muchas, significa que todavía nos quedan recursos para saltarnos la realidad y hacerla un poco mejor.

 

 

Por eso, hoy os traemos cuatro proyectos en los que los balcones y las terrazas fueron el elemento clave de su diseño. Ya sea por estética, por funcionalidad, o por contribuir a la filosofía de habitabilidad del edificio, la verdad es que el resultado no deja indiferente a nadie. Quédate con nosotros y sal a echar un vistazo.

 

L´arbre blanc

 

 

Sou Fujimoto, Manal Rachdi y Nicolas Laisné firman este espectacular edificio de 17 pisos de altura en el que los balcones se extienden hacia el vacío como las ramas de un árbol. Su construcción partió de un concurso celebrado por el ayuntamiento de Montpellier en 2013 para crear un nuevo icono identitario que simbolizase la modernidad y la sostenibilidad.

 

 

Las terrazas se extienden en voladizo, de manera que sus metros cuadrados se los roban al aire. Así, en lugar de transcurrir en paralelo a la fachada, lo hacen en perpendicular, con lo que, no solo se consigue una identidad estética inconfundible, sino que, además, se fomenta la vida en comunidad, al ser posible entablar conversación de uno a otro apartamento, y se generan sombras que protegen del soleamiento excesivo la fachada del edificio.

 

VM House

 

 

BIG y JDS son los responsables de estos dos bloques de viviendas que conforman precisamente una “V” y una “M”. Como en todos los proyectos de BIG, la presencia de una zona verde y, a ser posible, su inclusión en el proyecto ha sido determinante. De este modo, en lugar de suponer un obstáculo, el VM House se divide para conectar un gran parque público que une dos zonas de Copenhague. Con ello, además, se consigue mejorar la orientación de los edificios y crear en su interior un espacio de mayor privacidad.

 

 

En este caso, sus balcones triangulares marcan el ritmo de la fachada y otorgan profundidad a la lámina de espejo que cubre la cara sur del edificio. Y, una vez, dentro, nos encontramos con una tipología interminable de viviendas que abarcan desde una a tres plantas, siempre en busca de ofrecer un espacio propio en la colectividad. Julien De Smedt lo resume de la siguiente manera: “Vivimos en un mundo donde el individualismo tiene una resonancia más grande que antes. La diversidad es bien aceptada, incluso deseada. La gente que vive en un complejo de viviendas debe tener también acceso a la individualidad”.

 

Quai de la Graille

 

 

R2k Architects abordó este proyecto partiendo de una simple torre blanca con ventanas coronada por una gran cubierta elevada que ayuda a regular la temperatura del edificio. Sin duda, el protagonismo se lo llevan los grandes balcones en voladizo, cuyas formas orgánicas están inspiradas en los hongos que nacen del tronco de los árboles.

 

 

Sus 30 metros de altura se alzan sobre Grenoble en 10 plantas que acogen viviendas sociales, de las cuales 5 son dúplex en las plantas superiores. Los propios arquitectos concibieron los balcones como “una prolongación exterior del salón” y su realización en madera ayuda a potenciar la inspiración orgánica de su diseño.

 

Les Choux de Créteil

 

 

Terminamos con un clásico inconfundible a medio camino entre el brutalismo y el organicismo. Una maravilla estética de Gérard Grandval cuya andadura comenzó en 1969 en Créteil con un espectacular proyecto de 10 torres de 15 pisos cuyos balcones, dispuestos en forma de col -de ahí su nombre-, estaban pensados para albergar vegetación. Algo que habría cambiado radicalmente el aspecto de los edificios que vemos hoy en día.

 

 

Tras unas décadas de decadencia, afortunadamente en 1998 el ayuntamiento aprobó la rehabilitación del distrito. Así, además de mejorar las condiciones de vida de las familias que habitan estas viviendas sociales, también se promovió la dinamización y diversificación del barrio, al asignar un 25% de los apartamentos a estudiantes. Buenas noticias para un icono indiscutible de la arquitectura francesa que, en 2008, fue catalogado como patrimonio del siglo XX por el Ministerio de Cultura francés.

 

FOTOS: Pinterest, Ana d’Apuzzo, BIG, JDS, Iwan Baan, Bruno Ramain, Sergio Grazia, Sou Fujimoto, Johannes Heuckeroth,

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