Cuando los tres arquitectos decidieron cerrar su oficina en Barcelona y asentarse en Olot, no solo estaban cambiando su residencia; en realidad estaban diciendo al mundo que se puede hacer una arquitectura universal desde una perspectiva local. De hecho, su rasgo más característico, la atención al impacto de la arquitectura en el paisaje, solo puede entenderse como una purificación de la arquitectura en su relación con la naturaleza. Seguramente por eso, Luis Fernández-Galiano, en el libro RCR Arquitectes 1988-2017, definió su trabajo como “la arquitectura del paisaje y la tierra”. A nosotros nos parece una descripción perfecta.
Cualquiera que haya visto una de sus obras al natural, habrá apreciado una austeridad y una rotundidad que solo la naturaleza habría logrado. A esa impresión ayuda la crudeza de los materiales que suelen emplear: el acero cortén, la piedra presente en cada localización, el vidrio y la madera. Pero esa aparente sencillez, que ha configurado un lenguaje arquitectónico propio, esconde una dimensión escultural que lleva a sus proyectos a participar en el entorno desde un doble enfoque: su condición de objeto material y su enorme potencial de abstracción. Es decir, lo que en otros habría supuesto una contradicción, en RCR es gran parte de su esencia. Las formas evidentemente artificiales de sus construcciones se tornan naturales en contacto con el paisaje.
A continuación, compartimos con vosotros algunos de sus proyectos más representativos, entre los que incluimos el primero de los muchos que esperamos hacer realidad juntos.
La riqueza natural del enclave y su orografía casi escénica nos hicieron pensar de inmediato en RCR. Sabíamos que era el estudio idóneo para llevar a buen término un resort cuyas dimensiones e infraestructuras debían ser compatibles con un impacto visual y ambiental mínimo.
El dominio de los grandes espacios que RCR ha demostrado en el Parque de la Arboleda o el Estadio de Atletismo de Olot fueron argumentos más que suficientes para confiar en su capacidad de convertir Palmares, no solo en un proyecto de referencia en el Algarve, sino en un ejemplo de arquitectura de vanguardia e integración paisajística a nivel mundial.
El resultado final de Palmares está cada vez más cerca: la construcción de los Signature Apartments se encuentra muy avanzada y una de las grandes villas independientes está prácticamente finalizada. Por otro lado, el espectacular Clubhouse, un espacio que supone un punto de encuentro para toda la promoción, ya funciona a pleno rendimiento, incluyendo su exclusivo restaurante Al Sud. Desde el exterior sus formas angulosas se extienden como estratos del terreno que emergen de la tierra y se despliegan como un abanico sobre la ladera que lo contiene. Al mismo tiempo, su acabado en hormigón se mimetiza con el color de la piedra local, algo que veremos en el resto de construcciones, en las que también descubriremos guiños a la arquitectura vernácula del Algarve. En resumen, RCR en estado puro.
También conocida como la Casa de la Garrotxa, es uno de esos proyectos que parecen una intervención escultórica, hasta que profundizamos y tomamos conciencia de sus sólidos fundamentos arquitectónicos. Para su ubicación, se aprovecha una vez más un desnivel que la ayuda a integrarse en el entorno. Y, a pesar de sus marcadas formas cúbicas, da la sensación de que la estructura ya estaba ahí y solo había que retirar la tierra que la cubría para liberarla como parte del paisaje.
En el otro lado, la casa se sumerge en la tierra 1,5 metros, lo que acentúa la fuerza visual de los prismas que contienen los distintos ambientes y genera patios bajo el nivel de la parcela para facilitar las vistas a las montañas. Ello permite también la construcción de un estaque, que sirve de transición entre lo natural y lo artificial, mientras que la característica pátina del acero cortén naturaliza las aristas del conjunto y ayuda a su inclusión en la gama cromática creada por la vegetación y las tierras de cultivo.
En este proyecto RCR vuelve a sumergirse en el terreno, de manera que la intervención apenas tiene impacto visual y sí mucho sentido, ya que hablamos de unas bodegas. No solo se trata de una opción estética, sino, sobre todo, de una decisión funcional para la conservación de los vinos. No obstante, al mismo tiempo, también se logra crear una suerte de viaje iniciático en el mundo de la enología, un recorrido que resulta una experiencia en sí mismo: la oscuridad de los pasillos subterráneos contrasta con la luminosidad mediterránea del exterior y el cambio de temperatura, unido al trazado laberíntico de los corredores, nos lleva a un mundo completamente distinto a todo lo que hayamos visto antes.