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H Muebles: industria del arte

Esta semana, te traemos a casa una de las mejores exposiciones del COAM en lo que llevamos de año. Una selección del mobiliario con el que la constructora Huarte revolucionó el interiorismo patrio desde los 50 hasta los 80 del siglo XX. Piezas vanguardistas que irrumpieron como un soplo de aire fresco para demostrar que arte e industria no son conceptos opuestos.

 

 

La “H” de H Muebles es la hache de Huarte, una de las constructoras más importantes de nuestro país, fundada por el hijo de un carpintero que quería ser arquitecto; Félix Huarte se quedó en delineante, pero consiguió levantar algunos de los edificios más reconocibles del pasado siglo. Y lo hizo gracias a una concepción multidisciplinar de la arquitectura que entendía cada proyecto como un todo. Un universo particular en el que el interiorismo era un elemento fundamental.

 

 

Así, reunió a ebanistas, arquitectos, artesanos y artistas en el taller provisional que la constructora tenía en mitad de las obras de los Nuevos Ministerios. Con cero pretensiones y una vocación eminentemente funcional, H Muebles echó a andar aunando lo mejor de la arquitectura, el arte y la industria. La capacidad de la empresa matriz para trabajar la madera, el acero y el plástico fue aprovechada al máximo por uno de los hijos de Félix Huarte, Juan, que llevó la división de mobiliario al olimpo del diseño nacional.

 

 

Para conseguirlo, apostó por una serie de nombres propios entre los que encontramos personalidades tan relevantes como Jorge Oteiza, estandarte de la escultura vasca, o Rafael Moneo, primer Pritzker español. Sin embargo, como en todas las grandes aventuras, también hubo colaboradores anónimos. En este caso, algunos de los más importantes, que han permanecido en la sombra hasta que la historia ha puesto sus creaciones en el lugar que les corresponde.

 

 

Entre todos, destaca Gregorio Vicente Cortés, Director Técnico de H Muebles desde su fundación, cuando el cometido de la empresa era poco más que surtir a los proyectos de la constructora y, si acaso, participar en algún concurso público. A él no solo debemos la coordinación y orientación del trabajo con los grandes artistas, como Oteiza y Basterretexea, sino también piezas propias; las más numerosas y más determinantes, pues marcaron la identidad estética los primeros muebles. Su visión industrial hizo posible la viabilidad comercial del catálogo y su conocimiento del interiorismo internacional contribuyó a crear una serie de piezas inéditas para un país encerrado en sí mismo.

 

 

Ya en sus inicios, H Muebles, abanderó una modernidad sin concesiones basada en una relación simbiótica entre el arte y la industria. Una vocación experimental que los llevó a colaborar con Corrales y Molezún para amueblar su Pabellón de los Hexágonos en la Exposición Internacional de Bruselas de 1958. Allí, junto a esculturas de Chillida y Oteiza, los muebles de Huarte encajaban a la perfección en un espacio que ganó la medalla de oro, por encima del mítico Atomium, con el que compartió protagonismo.

 

 

Pero la voluntad de modernizar el diseño nacional, no se quedaba en los grandes eventos internacionales. Ya en 1960, H Muebles convocó su primer concurso de diseño, en el que destacaron Moneo, Miguel Milá, Jesús de la Sota, o Amparo Cores. Figuras clave del arte, el diseño y la arquitectura, cuyas propuestas fueron fundamentales para el éxito de la EXCO, otro concurso y exposición promovido por Huarte; en este caso, para el denominado “mueble económico” bajo el auspicio del Ministerio de la Vivienda. Como podemos ver en las imágenes de unos bloques de vivienda social en Madrid, algunas de sus propuestas siguen siendo de una modernidad completamente atemporal.

 

 

Con los 60, enseguida llegó la expansión comercial, a través de una red de tiendas en Madrid, Barcelona, Pamplona, Palma de Mallorca, Sevilla y Valencia. Todas ellas contaban con un interiorismo exquisito a cargo de Gregorio Vicente Cortés y, en el caso de la “Sala HISA”, también con la arquitectura vanguardista de Sáenz de Oiza.

 

 

Con los 70 a la vuelta de la esquina, los diseños de H Muebles abandonaron su característica austeridad y dejaron paso a formas redondeadas, líneas curvas y materiales como la madera de ukola y el mármol, mientras que los elementos metálicos pasaron de las varillas negras a los tubos cromados. Una transformación que se corresponde con el músculo económico propiciado por el desarrollismo y que tuvo su impacto también en la arquitectura de la constructora, con edificios tan icónicos como Torres Blancas.

 

 

En resumen, una muestra maravillosa de arte y arquitectura a contracorriente. La demostración de que el buen diseño triunfa sobre modas y prejuicios estéticos. Por nuestra parte, la única pega que le ponemos a la exposición es que nadie haya reeditado unos cuantos modelos de H Muebles para llevárnoslos a casa… Porque te quedas con las ganas.

 

 

 

 

 

FOTOS: N.C.

 

 

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