Living In Style

Iconos del diseño alemán

¿Quién no ha querido alguna vez un Volkswagen Escarabajo? ¿O una silla Barcelona para el salón? ¿O directamente construirse en la parcela de turno una réplica del pabellón de Alemania de Mies? Nosotros sí, varías veces. Y eso solo es el principio: el diseño alemán ha basado su prestigio universal en la calidad y la sencillez, o lo que es lo mismo, en su pureza. Esta semana te invitamos a redescubrir algunos iconos del diseño alemán.

 

 

Las raíces del diseño alemán tal y como lo conocemos hay que buscarlas en la Bauhaus y en las premisas que Adolf Loos fijó en su libro Ornamento y delito. Lo accesorio es prescindible y lo funcional es bello. A partir de ahí, podremos entender el éxito de un diseño universal, en el que sus mayores bestsellers se han convertido en sinónimos genialidad y simplicidad.

 

 

Como ya os hicimos en nuestro repaso a los iconos del diseño italiano y español, hemos querido centrarnos en el diseño industrial. Así que, si os quedáis con ganas de arquitectura, os recomendamos visitar este post sobre los 100 años de la Bauhaus. Pero, de momento, quedaos con nosotros y disfrutad las piezas que os proponemos. ¡Vamos allá!

 

Silla nº14 de Thonet

 

 

Estamos cansados de verla… en el buen sentido. Nos hemos sentado cientos de veces en una y, seguramente, ni siquiera nos hemos parado a mirarla. Y es que está completamente integrada en nuestro imaginario colectivo, ya sea en nuestra propia casa, o en cualquier cafetería a lo largo y ancho del mundo. Su difusión es masiva y su éxito difícilmente igualable. En lo que a sillas se refiere, probablemente estemos ante “La Silla”.

 

 

Todo empezó en 1841, cuando Michael Thonet ideó este diseño para el café Daum en Viena. Un ingenio industrial desmontable de seis piezas de haya que podía enviarse en paquetes de 36 empleando solo un metro cúbico de almacenaje. Esto es Ikea un siglo antes de Ikea. Según Le Corbusier: “Nunca se ha creado algo tan elegante y bien concebido, tan preciso en su ejecución y tan excelentemente funcional”. Si lo dice Corbu…

 

Volkswagen Escarabajo

 

 

Tenía que costar como una moto. Esa es una buena condición para optar por la sencillez y olvidarse de virguerías estéticas. Y eso hizo uno de sus creadores, el ingeniero Josef Ganz, que se puso en contacto con varias empresas de motocicletas alemanas para crear el primer prototipo: el Maikäfer. Es decir, el escarabajo de mayo. Al fin y al cabo, era mayo de 1931.

 

 

Aunque el Maikäfer no llegó a producirse en serie, Ganz se guardó su prototipo y dejó que lo probase todo aquel que estuviese interesado, entre ellos el ingeniero Ferdinand Porsche. Ese mismo año, Porsche presentó un concepto muy similar, su tipo 12 y siete años después, el gobierno del Reich lanzó el escarabajo: el coche para motorizar a la Alemania nazi… Sin Ganz. Para entonces el primer padre del mítico Volkswagen estaba exiliado en Suiza, eso sí, después de haber viajado de incógnito a Frankfurt para salvar todos sus archivos. No hace falta decir que Josef Ganz era judío.

 

 

Y, de vuelta, a lo que íbamos, el Escarabajo es una maravilla técnica. Un gran espacio, ligero, propulsado por un motor boxer trasero refrigerado por aire. Fabricado durante 65 años, capaz de resistir las condiciones más duras y con récord inalcanzable: 21.529.464 unidades fabricadas. Pero, sobre todo, es uno de los iconos indiscutibles del siglo XX.

 

Silla Barcelona

 

 

Mies van der Rohe es autor de algunas de las obras más relevantes de la arquitectura contemporánea, incluido el mobiliario que diseñó junto a Lilly Reich para algunas de ellas. Sin embargo, si tenemos que elegir, nos quedamos con la silla Barcelona. Y no solo por el nombre. Esta lounge chair inconfundible y replicada una y mil veces fue diseñada por Reich y Mies para el pabellón alemán de la exposición universal de Barcelona de 1929 y aúna la sencillez de sus líneas con la calidad de sus materiales, acero pulido y cuero.

 

 

El lugar que ocuparon las sillas en el impresionante pabellón de Montjuïc fue tan importante como su función: servir de asiento a los Reyes de España durante su visita. De hecho, si nos centramos en el proceso de producción de la Barcelona, descubriremos que es más propio de un trono que de un objeto Bahaus. La sencillez es solo apariencia: todo el marco debía fabricarse de manera artesanal a partir de nueve piezas de acero que se sondaban y pulían a espejo de forma manual. Todo ello derivaba en unos elevados costes de ejecución que, definitivamente, van en contra de los principios del racionalismo.

 

 

 

Pero, sea como fuere -un diseño no racionalista de uno de los padres del racionalismo-, la belleza indiscutible de la silla Barcelona la ha mantenido en producción hasta hoy en día. Tan actual como el primer momento. Su modernidad es atemporal y su presencia en todo el mundo es y será una constante.

 

Braun & Dieter Rams

 

 

Tras la Bauhaus, la corriente funcionalista alemana revisó los principios racionalistas para crear algunos de los mejores objetos cotidianos de la segunda mitad del siglo XX. Y, si hablamos de funcionalismo, hablamos del diseñador industrial Dieter Rams y la empresa de electrónica Braun. Juntos, desde 1955 hasta 1998, elevaron a la excelencia el lema funcionalista de “menos, pero mejor hecho”.

 

 

Muchas de sus creaciones, todavía en producción, ocupan un lugar preferente en museos tan prestigiosos como el Moma de Nueva York. A él debemos los 10 principios del buen diseño que podemos conocer más a fondo en el documental Objectified (2009):

  • El buen diseño es innovador.
  • El buen diseño hace un producto útil.
  • El buen diseño es estético.
  • El buen diseño hace un producto comprensible.
  • El buen diseño es honesto.
  • El buen diseño es discreto.
  • El buen diseño tiene una larga vida.
  • El buen diseño es consecuente en sus detalles.
  • El buen diseño respeta el medio ambiente.
  • El buen diseño es diseño en su mínima expresión.

 

 

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