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El Olimpo de los Pritzker: Estados Unidos

Hace cuarenta años Phillip Johnson ganó la primera edición del Pritzker. Y desde entonces, otros seis arquitectos estadounidenses ha entrado en el Olimpo de la arquitectura internacional. Una cifra de récord cuyos nombres pertenecen a algunos de los arquitectos contemporáneos más influyentes. Esta semana os invitamos a conocerlos un poco mejor.

 

Phillip Johnson, 1979

 

 

Veni, vidi, vinci resume muy bien la relación de Johnson con los Pritzker, pues a él le correspondió abrir la lista de los premiados. El primer Pritzker esperó hasta los 36 años para construir su primer edificio. Antes estuvo perfeccionándose académicamente, pero también andaba muy ocupado siendo crítico de arte, historiador y director del departamento de arquitectura del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

 

 

 

Su obra más conocida es también su primer proyecto, el que presentó para obtener su máster en Harvard. Nada más y nada menos que la icónica Glass House, una obra cumbre del movimiento moderno diseñada paralelamente a la Casa Farnsworth de Mies. De hecho, su inspiración fue la filosofía “Less is more” del alemán, aunque la ejecución fue bastante mejor que la de su referente: Jonhson previó la condensación y la solucionó de antemano con un sistema de ventilación permanente cruzada. Así, mientras los cristales de la Glass House permanecían transparentes, la casa Farnsworth se empañaba hasta llenarse de humedad. Seguramente por eso, entre otras cosas, Johnson disfrutó de su casa desde 1949 hasta su muerte en 2005, precisamente el último año que un estadounidense volvía a ganar el Pritzker.

 

 

Como curiosidad, cabe destacar el papel de anfitrión que Johnson asumió con respecto a sus admirados Le Corbusier y Mies Van der Rohe, a quienes invitó y organizó sus visitas a Estados Unidos. Y, si volvemos la vista a nuestro país, en Madrid tenemos uno de sus proyectos más arriesgados, las torres KIO, los primeros rascacielos inclinados del mundo y todo un símbolo para la ciudad.

 

 

 

I.M. Pei, 1983

 

 

De Pei os hablamos hace muy poco, más concretamente aquí. De todas formas, os contaremos que Pei, a pesar de ser un inmigrante chino, tiene dos coincidencias con Johnson: la primera, su devoción por Le Corbusier, a quien estudiaba concienzudamente; y, la segunda, su paso por Harvard, donde entabló amistad con Gropius y Breuer. A partir de ahí, su carrera despegó y su estilo no ha dejado de transformarse y enriquecerse hasta el último proyecto.

 

 

Así, Pei ha pasado del movimiento moderno, al brutalismo, al estilo internacional. Una trayectoria impecable que lo ha convertido en el último clásico moderno. En España nos deja su nombre en la Torre Espacio de Madrid, aunque siempre será recordado como el arquitecto de la pirámide del Louvre y la biblioteca Kennedy.

 

Richard Meier, 1984

 

 

Meier sucedió a I.M. Pei como ganador del Pritzker y con él compartía la admiración por Le Corbusier, a quien conoció durante un viaje por Europa tras terminar sus estudios de arquitectura.

 

 

De líneas puras y gran sencillez formal, sus edificios destacan por la blancura de sus muros. Algo que ha llevado a la realidad invariablemente en museos, mansiones y edificios institucionales. Y en todos ellos la geometría manda a la hora de concebir cada proyecto, como podemos apreciar en el Seminario Hartford, en el ayutamiento de La Haya o en su espectacular proyecto en España: el Museu d’Art Contemporani de Barcelona.

 

Gordon Bunshaft, 1988

 

 

Otro admirador de Mies y Le Corbusier que recibió el premio en 1988 ex aecquo junto a una de las leyendas de la arquitectura contemporánea: el brasileño Oscar Niemeyer. Sin embargo, la trayectoria de Bunshaft, aunque brillante, es mucho más discreta que la de su compañero de Pritzker.

 

 

Entre sus trabajos, destaca la Lever House y la New York Public Library for Performing Arts. Asimismo, cabe destacar la única vivienda familiar que diseño en toda su carrera, la Casa Travertino, un maravilloso ejemplo de sencillez y singularidad, construido para su propia familia y vergonzosamente demolido en 2005.

 

 

 

Frank Ghery, 1989

 

 

En realidad, Ghery debía contar como medio premio, puesto que, además de estadounidense, el Prizker 1989 es un orgulloso ciudadano canadiense. De él os hemos hablado mucho y seguiremos haciéndolo. Al fin y al cabo, estamos ante uno de los grandes arquitectos vivos. Un verdadero mito que ha sabido fusionar como nadie la arquitectura y la escultura.

 

 

Su deconstructivismo, tan personal, ha evolucionado hasta dar lugar a un estilo propio e inconfundible. En España tenemos la suerte de tener uno de sus proyectos más representativos; el Guggenheim de Bilbao.

 

Robert Venturi, 1991

 

 

Y por fin llegamos al Pritzker díscolo, el que trasciende el movimiento moderno y nos deja una frase que es toda una declaración de intenciones: “Less is a bore”. Venturi no lo podía dejar más claro. Aunque en realidad sí lo hizo. En cada uno de sus proyectos, sobre todo los urbanos, caracterizados por los patrones geométricos y las composiciones casi pictóricas de sus fachadas. Una constante que lo define, justo como la coautoría de sus grandes trabajos con su mujer Denise Schott Brown, quien injustamente no recibió el Pritzker, a pesar de que el propio Venturi dijo en su discurso que ella asumía más del 50% del trabajo que compartían.

 

 

A pesar de ser popularmente considerado un detractor de Mies Van der Rohe, en realidad siempre lo consideró uno de los grandes maestros de la arquitectura moderna. Y, a pesar de su proyectos, con influencias historicistas y eclécticas, los rasgos inequívocos del movimiento moderno se dejaron notar en algunos de sus proyectos más importantes, como el Biomedical Biological Science Research Building de la Universidad de Kentucky.

 

 

 

Thom Mayne, 2005

 

 

Mayne es probablemente el más radical de la lista. Lo fue desde el principio, con su estudio Morphosis, en el que vertió toda la filosofía revolucionaria que bullía en la intelectualidad californiana de los 70.

 

 

En España nos quedamos con su polémico proyecto de viviendas sociales en Carabanchel. Polémico por su deficiente ejecución. Decenas de defectos que ensombrecieron un proyecto muy interesante desde el punto de vista arquitectónico. Con multitud de tipologías, distintas alturas, reinterpretación de la corrala madrileña y del pueblo mediterráneo, con patios y calles interiores que propician la vida en comunidad. Algo similar en su planteamiento a lo que veíamos en el Barrio Gaudí de Bofill. Una perspectiva interesante y adecuada a su enfoque social que, con el tiempo, obtendrá el reconocimiento que se merece.

 

 

 

Fotos: Robin Hill, Rollin LaFrance, Morphosis, Plataforma Arquitectura, Cargo, Barcelona Home blog, Ezra Stoller, Robert Hill, Viaje Jet, David McLane, Simón García, Marc Riboud, FCB981, Iwan Baan, Clubbingspain, Roland Halbe, Pinterest, Artium, VSBA.

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