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Bofill: el arquitecto universal

Bofill es uno de los grandes. Es indiscutible; por encima de modas y tendencias ha conseguido crear un estilo que nace de su propia trayectoria: ecléctico, internacional, posmoderno, moderno, vanguardista y, en definitiva, genial. Hoy nos acercamos un poco a la gran obra del arquitecto catalán con el que hemos tenido el honor de trabajar en nuestro proyecto Ikon.

 

 

Con Bofill compartimos muchas convicciones, pero una destaca sobre todas. Al contrario que otros arquitectos del star system, su prioridad ha sido la vivienda. Como él mismo explicó en una reveladora entrevista a El País: “Museos o edificios de los que interesan a la mayoría de arquitectos hay un 1%. El resto del mundo es ciudad y vivienda”. Justo lo que nosotros aspiramos a crear; un concepto de vivienda íntimamente ligado a la ciudad. O lo que es lo mismo, un urbanismo orientado a mejorar la vida de los ciudadanos, respetuoso y coherente con el entorno. Y de eso Bofill sabe mucho.

 

 

De hecho, transformar el urbanismo fue uno de los motivos que lo llevaron a fundar en los 70 su mundialmente conocido Taller de Arquitectura. Un estudio cuyas fronteras se extendieron al diseño industrial, la ingeniería, la filosofía y la sociología. Con esos ingredientes plantearon proyectos que, con el tiempo, han transformado ciudades tan representativas como Valencia. Suyo es el proyecto original de los Jardines del Turia, el parque urbano más grande de España y una referencia paisajística entre las grandes ciudades europeas.

 

 

Con semejante trayectoria, es muy difícil escoger solo unos cuantos ejemplos, pero vamos a intentarlo. Ahí van nuestros proyectos preferidos creados por Bofill:

 

Barrio Gaudí, en Reus

 

 

A finales de los 60, con decenas de ciudades dormitorio creciendo junto a las grandes capitales españolas, el Taller de Arquitectura decidió plantear algo completamente distinto. Frente a los grandes bloques desconectados entre sí, Bofill planteó un auténtico tejido urbano en el que reservó una importante cantidad de espacio a los lugares públicos y los locales comerciales.

 

 

Esta ciudad dentro de la ciudad buscaba generar una identidad propia a través de sendas urbanas que permiten pasar de un edificio a otro, de manera que las torres de 8 plantas se comunican por las terrazas, lo que permite una interrelación entre las 500 viviendas que componen el conjunto.

 

 

Por otro lado, cabe mencionar, que los espacios peatonales se sitúan en la cara norte de los edificios, lo que permite reservar la fachada sur para que las viviendas dispongan de una orientación adecuada y aprovechen al máximo la luz natural.

 

Castillo Kafka, en Sant Pere de Ribes

 

 

El movimiento Archigram nació en el seno de la Asociación de Arquitectura de Londres en 1961, con su manifiesto Archigram I, en el que defendían una infraestructura sencilla llevada a cabo con la tecnología más puntera en un contexto de supervivencia y consumo masivo. Un compendio de ideas futuristas que sedujo a algunos de los miembros del Taller de Arquitectura.

 

 

Por ello, emplearon una serie de cubos prefabricados que se adosaron a los núcleos que contienen las escaleras. Y, para ello, se recurrió a dos ecuaciones que generan el número de cubos conectados, así como su altura en espiral en torno a los núcleos. Gracias a ello, el Castillo Kafka tiene una volumetría inconfundible que, debido a su azul profundo, se confunde con el cielo en lo alto de la colina que ocupa.

 

 

Y si te recuerda a Habitat 67 de Montreal, es normal. Los dos proyectos que utilizan una concepción celular del espacio y que parte de uno o más puntos centrales desde los que se ramifican las viviendas. No en vano, su diseño transcurrió en paralelo: el proyecto de Bofill es de 1968.

 

Les Espaces d´Abraxas, en Villene Nouvelle de Marne-la Vallée

 

 

Aunque últimamente todo el mundo lo relaciona con la saga cinematográfica de Los juegos del hambre, les Espaces d´Abraxas forma parte de un plan urbanístico para descongestionar el centro de París. De hecho, Bofill es responsable de dos grandes complejos residenciales más: Les Arcades du Lac et Le Viaduc y La Place du Nombre d´Or, todas de los años 80.

 

 

En el caso de Les Espaces, podemos encontrar Le Palacio, Le Théâtre y L´Arc, un colosal conjunto neoclásico cuyas proporciones empequeñecen a cualquiera que camine junto a los enormes bloques. Una sucesión de volúmenes con un paisajismo que es pura escenografía. Una puesta en escena que ha pasado a la gran pantalla y se ha convertido en un extraño reclamo para visitar un suburbio de París sin mayor interés que estas viviendas sociales.

 

Walden 7, en Sant Just Desvern

 

 

Casi tan conocido como la célebre Muralla Roja, pero aún más interesante desde el punto de vista arquitectónico. Ubicado junto a La Fábrica, sede del Taller de Arquitectura, el Walden 7 recoge y perfecciona algunos de los planteamientos que hemos visto en el Barrio Gaudí de Reus.

 

 

De nuevo las terrazas se conectan, de manera que las viviendas quedan intercomunicadas. Así, los recorridos se multiplican e, irremediablemente, surgen espacios comunes que vertebran la vida en comunidad. No obstante, en el Walden 7, al contrario que en el Barrio Gaudí, estos espacios quedan en el interior del edificio, que se presenta al exterior como algo único. Y una vez dentro, el edificio se convierte en muchos edificios y los patios, recorridos por escaleras y terrazas, actúan también conectando los niveles en vertical.

 

 

El resultado, gracias también a su cromatismo, es de una belleza y un atractivo difícil de igualar. A la majestuosidad de su altura se une el juego de los volúmenes interiores. Un verdadero espectáculo que se ha convertido en el paradigma del concepto habitacional de Bofill.

 

77 West Wacker Drive, en Chicago

 

 

A Orillas del río, este impresionante rascacielos de 50 pisos encaja a la perfección entre los demás edificios de la ciudad del viento. Y lo hace sin perder un ápice de personalidad. En este caso, Bofill se lleva el neoclasicismo a un terreno tan aparentemente hostil como un rascacielos y consigue un resultado es brillante.

 

 

Lejos de empañar la estética, los elementos clásicos van evolucionando desde la planta baja, que muestra una fachada completamente convencional, con todos sus elementos -frontones, dinteles, cornisas…- bien definidos, hasta el frontón superior que corona cada una de las cuatro fachadas; está vez reducido a su esencia para transformarse en un elemento de modernidad.

 

Ikon by Kronos Homes, en Valencia

 

 

Y, sí, acabamos con nuestro proyecto. Un rascacielos que es Bofill en estado puro. Por un lado, desde el punto de vista de que no es una torre de oficinas, sino de viviendas: la torre residencial más alta de la ciudad. Y, por otro, la perspectiva urbanística. Al fin y al cabo, Ikon abre una puerta a Valencia junto con el Hotel Meliá. Dos grandes pilares que reciben al visitante la avenida de Las Cortes Valencianas y que, hasta ahora, permanecían inconclusos.

 

 

Así, frente a la primera torre, de color negro, Ikon se alza blanca, complementando el conjunto y, al mismo tiempo, captando la luz del Mediterráneo. La torre más alta, conserva la volumetría hasta el final de sus 114 metros de altura, pero la estructura va emergiendo progresivamente hasta liberarse de la fachada. De esta manera, las líneas maestras del edificio parecen extenderse en una serie de trazos que terminan dibujados en el aire.

 

 

Todo en Ikon es especial, incluso la conexión con los Jardines del Turia. Décadas después de haber creado un símbolo de la ciudad, Ricardo Bofill vuelve a para diseñar un nuevo icono. Un punto de referencia que redibuja el skyline y dota de identidad a una de las zonas con mayor proyección de Valencia.

 

Fotos: Gregori Civera para AD, RBTA, Open House Chicago

 

 

 

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