Archilovers

Arquitectura camaleónica

Fuera del paisaje urbano, la capacidad de un edificio para mimetizarse con el entorno es fundamental. El impacto estético de la arquitectura sobre la naturaleza debe reducirse al mínimo posible. Para conseguirlo, existen distintas estrategias y hoy te traemos algunos de los ejemplos más logrados. ¿Quieres conocerlos?

El problema de la integración paisajística es relativamente nuevo y tiene su origen fundamentalmente en la estandarización de los materiales. Si todos construimos con los mismos materiales, las casas tendrán el mismo aspecto, independientemente del entorno. Una circunstancia que no ocurría cuando las casas se levantaban con los materiales que había disponibles en los alrededores.

 

 

Basta pensar en los pueblos del desierto levantados con adobe hecho a partir de la misma arcilla que los sostiene, o en las casas cueva que se internan en las montañas sin intervenir en su perfil. También los pigmentos con los que se pintaban las casas, como el ocre, o las piedras de sus muros, de arenisca, o de granito, según el terreno. Un catálogo interminable de materiales autóctonos que convertían a los edificios primitivos en parte del paisaje, porque en realidad eran eso mismo.

 

 

Afortunadamente, la preocupación por el impacto estético ha vuelto con más fuerza que nunca, gracias a las corrientes ecologistas y a la arquitectura sostenible. Sin embargo, las nuevas técnicas de construcción y la tecnología aplicada a la creación de materiales, ha ampliado mucho las posibilidades. Esta semana, te traemos cuatro ejemplos de que existen muchas formas distintas de pasar inadvertido.

 

Desert House de Kellogg

 

 

El parque natural de Joshua Tree no es el lugar adecuado para llamar la atención. La belleza del paisaje es un buen motivo para intentar ser lo más discreto posible. Una discreción que no tiene por que estar reñida con un proyecto espectacular. O por lo menos así debía de pensar Kendrick Bangs Kellog, el arquitecto que en 1988 cogió los postulados de la corriente organicista y comenzó a plasmarlos sobre un conjunto de formaciones rocosas durante más de 20 años.

 

 

Cuando finalizó su proyecto, en 2014, los 26 pilares de hormigón que sostienen el techo ya formaban parte de la montaña. Las formas de su cubierta se confunden con el exterior y, una vez dentro, el ambiente es indescriptible. Cada detalle se ha cuidado al máximo y cada elemento ha sido fabricado de manera artesanal, con materiales naturales y por manos expertas. Precisamente por su estética y su filosofía de trabajo, Kellogg ha sido comparado en numerosas ocasiones con Antoni Gaudí.

 

Colegio en Salamanca de ABLM Arquitectos

 

 

La utilización de espejos para minimizar la presencia de un edificio es uno de los trucos más llamativos. En este caso, los arquitectos de ABLM, decidieron convertir la planta superior de este colegio en un pedazo de cielo, literalmente. Y lo consiguieron. El efecto es impecable, lo que consigue aligerar el conjunto y potenciar su horizontalidad. Por el contrario, en el nivel inferior, las cerámicas de colores dan al proyecto su carácter desenfadado y cercano a quienes lo utilizan diariamente: niños y niñas de educación primaria. Todo un ejemplo de que los materiales y las posibilidades de fabricación que permiten las nuevas tecnologías permiten resultados estéticos cercanos a la magia.

 

Edificio de viviendas en Montpellier de Edouard François

 

 

La estrategia de François -y no solo en este proyecto- consiste en crear proyectos que son un híbrido de naturaleza y arquitectura. Gracias a la incorporación de la vegetación como un elemento constructivo más, sus edificios no siempre se adaptan al paisaje, sino que llegar a crearlo. Al contrario que en otro de sus proyectos en el que camufla el edificio, en esta ocasión el bloque de viviendas surge como una formación rocosa rodeada de vegetación, una verdadera montaña cuyas paredes son piedras entre las que brotan plantas. Una piel vegetal que, unida a la arboleda que rodea el conjunto, hacen de este proyecto un hábitat natural en sí mismo.

 

Vivienda unifamiliar en Antiparos de decaARCHITECTURE

 

 

La solución de decaARCHITECTURE es más antigua que la propia arquitectura: meterse debajo de tierra. Una opción que no solo incorpora la construcción al paisaje sin apenas impacto, sino que además tiene una serie de ventajas en materia de sostenibilidad difíciles de alcanzar para cualquier construcción sobre rasante. En este proyecto, los arquitectos, además retoman la idea del cultivo aterrazado para disponer los muros de la vivienda, aprovechando una vaguada que parece continuar con su vegetación sobre el tejado de la casa. Mientras tanto, los muros laterales se abren al mar y se camuflan gracias a la piedra autóctona con la que han sido levantados.

 

 

Fotos: Lance gerber, Twitter, Riadchay, Dezeen, Edouard François, Erieta Attali.

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