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Casas fuera de serie

Hemos pasado buenos ratos entre sus paredes. Incluso podríamos recorrer algunas de ellas con los ojos cerrados. Por supuesto, las asociamos con sus propietarios, con su personalidad, sus gustos y sus vivencias. A algunas hemos ido todos los días durante años y, aún así, la mayoría de ellas no existe. Al fin y al cabo, solo son casas de ficción. Casas de series. ¿Entramos?

 

Hace unos meses hicimos una selección de casas de película. Literalmente. Y hoy vamos a escoger nuestras casas de serie preferidas. Lo mágico de ellas es que son lugares recurrentes. Porque, aunque una película podemos verla las veces que queramos, la acción es siempre la misma. Sin embargo, en las series, los escenarios están vivos, comparten tiempo y trama con los protagonistas y cambian con ellos. Mientras tanto, nosotros asistimos episodio tras episodio y terminamos por asociar espacio e historia hasta convertirlos en una misma cosa.

 

Una rutina que no escapa a los guionistas y productores, cada vez más atentos al papel que las casas desempeñan en la evolución de los personajes. Hoy os traemos algunos de los ejemplos más representativos, bien por la calidad del trabajo de interiorismo, o bien por su capacidad para reflejar la personalidad de quiénes las habitan.

 

Mad Men

 

 

El ático de Don y Megan en el Upper East Side llegó a nuestras pantallas en el momento preciso: cuando el mid century era tendencia absoluta en el mundo de la decoración. Los muebles escandinavos, la butaca de cuero, o el sofá que aprovecha la doble altura del salón son el sueño de todo amante de los sixties. Un escenario que uno de los personajes describe como “sacado de las páginas del Architectural Digest” y que cobra especial protagonismo durante el 40 cumpleaños de Don, con Megan cantando Zou Zou Bissou.

 

Sexo en Nueva York

 

 

Nos quedamos en la Gran Manzana para visitar una casa que es la prolongación de su personaje. Carrie Bradshaw vivirá para siempre -películas aparte- en su apartamento de Greenwich Village. Un espacio que irremediablemente asociamos con el típico viejo apartamento neoyorquino, con su cocina abierta y, muchas veces, una habitación que puede incorporarse o cerrarse al espacio común. Un refugio para la protagonista en el que escribe sus artículos y cuyo corazón es el mítico vestidor que ya cuenta con su propia reproducción en el Smithsonian.

 

Dexter

 

 

La casa de Dexter Morgan es un luminoso apartamento de una habitación en un edificio con la estética propia de los 60. Recto, largo, blanco, bajo y con mucho cristal, junto al mar y con piscina. Un apartamento que existe de verdad y que tiene el mismo “10-B” en la puerta de entrada. Tan real que, viéndolo, dan ganas de esperar a que salga el protagonista con algún paquete sospechoso. Por desgracia, los propietarios del “Bay Harbor Condos” y, en especial, los del 8240 de Palm Terrace están un poco hartos de su célebre vecino ficticio. En cuanto al interior, con su mesa de despacho danesa, su mesa de centro mid century y la icónica silla Cherner, seguramente poco tiene que ver con la realidad. Aunque lo mejor es esa estantería separador de ambientes que sigue la estética estructural del exterior. Un detallazo que ojalá no sea una licencia del director de arte.

 

Big little lies

 

 

Esta serie, además de contar con un elenco de actores de lujo, también nos ha conquistado por las espectaculares casas en las que viven los personajes. Pero, de todas, nos quedamos con la casa de Renata y Gordon, una mansión que existe y que puedes comprar por poco más de diez millones euros, siempre que quieras vivir en Malibú… Y tengas diez millones de euros, claro. Si es que sí, siéntate en la mítica Ox Chair de Wegner y contempla el mar infinito justo a tus pies, como el resto del mundo.

 

Fotos: SKY, AMC, Vogue Living, Showtime.

 

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