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Iconos del diseño español

Si decimos “iconos del diseño español”, a muchos le vendrá a la cabeza un Chupa Chups y una fregona. Quédate con nosotros y descubre nuestro top seis del diseño industrial patrio. Seguro que conoces más de uno y más de dos.

Como ya hicimos con lo mejor del diseño italiano, hemos escogido desde objetos de lujo a útiles cotidianos. Eso sí, todos ellos han marcado un hito en la historia del diseño. Algunos obtuvieron un éxito inmediato, pero otros han alcanzado su reconocimiento medio siglo después de ver la luz. Unos los vemos en la gran y pequeña pantalla y otros los tienes en la estantería de la cocina, sobre la mesa del comedor, o colgando del techo. El denominador común es un diseño tan impecable que es capaz de convertirse en seña de identidad.

Vamos a verlos:

 

Aceitera Marquina

El arquitecto catalán Rafael Marquina creó en 1961 la aceitera perfecta. Quizás una de las tareas más complicadas de un diseñador consiste en mejorar objetos que existen desde tiempos inmemoriales. En su aceitera y vinagrera con forma diábolo, Marquina resolvió un problema de siglos; el recipiente eternamente pringoso en el que guardamos el aceite. Su solución es tan simple como efectiva: el vertedor es más corto que el diámetro del embudo superior, con lo cual, la gota siempre cae en el interior. Simple, fácil de utilizar y de rellenar. Y, además, la belleza de su diseño es indiscutible.

 

 

Silla BKF

BKF significa Bonet, Kurchan y Ferrari, los apellidos de los tres arquitectos que la diseñaron. Aunque su autoría es mayoritariamente argentina, no podemos perder de vista la participación de Antoni Bonet, integrante del GATCPAC y discípulo de Le Corbusier. Tras el golpe militar contra la II República, Bonet se exilió en Argentina y fundó el Grupo Austral junto a Kurchan, Ferrari y otros grandes arquitectos argentinos. Entre todos revolucionaron las bases de la arquitectura en Sudamérica y sus logros llegaron al otro lado del Atlántico. De hecho, Bonet construyó en España proyectos tan brillantes como La Ricarda, o su edificio en la calle Ponzano de Madrid.

 

 

Lámpara Fase

No podemos elegir solo una. Los hay que se dedican a coleccionarlas, pero durante muchos años pasaron completamente inadvertidas. Industrias Fase, nombre comercial de “Fabricaciones Seriadas”, fue la empresa que Luis Pérez Oliva y Pedro Martín fundaron en Torrejón de Ardoz. Desde allí exportaron sus creaciones a medio planeta y consiguieron una fama mundial. En sus luminarias, entre las que encontramos nombres tan míticos como Boomerang 2000, Rifle, o Presidente, la calidad de su construcción y la belleza de sus diseños marcó un antes y un después entre las lámparas de sobremesa. Un reconocimiento que llega en pleno siglo XXI, ocupando un espacio privilegiado en revistas de decoración, protagonizando libros que recogen su historia y, sí, iluminando para siempre el escritorio de Don Draper.

 

 

Lámpara Cesta

Miquel Milá se inspiró en las linternas chinas para crear una lámpara inconfundible. Corría el año 1962 cuando su diseñador ideó un globo de plástico encerrado en una estructura de ratán con un asa en la parte superior. El globo de plástico ya existía, así que Milá se planteó cuál sería la mejor manera de transportarlo de un lugar a otro. El resto ya es pura historia del diseño español. Un clásico atemporal convertido en objeto de deseo desde la década de los 70 que no deja de reeditarse y reinventarse con distintos materiales y tamaños.

 

 

Lámpara Disa

Seguimos con otra lámpara, la Disa, diseñada por uno de nuestros arquitectos preferidos, el genial Coderch. Promocionada con una fotografía del célebre Català-Roca, fue creada para replicar la intensidad y la calidez de la lumbre de una chimenea. Se fabricó en madera en 1954 y sigue pareciendo a día de hoy de una modernidad absoluta. Como curiosidad, Picasso, tras recibir una Disa como regalo, respondió con una postal a Coderch. En ella, la inmortalizó para la eternidad en unos pocos trazos de color rojo.

 

 

Deportivos Pegaso

Aunque en la actualidad Pegaso nos suene a camión, en los años 50 llegaron a fabricar los deportivos más lujosos de su época, auténticas joyas rodantes destinadas a la aristocracia y a las estrellas de la época dorada del cine. El sueño de su diseñador, Wilfredo Ricart, apenas duró seis años, pero sirvió para crear algunos de los automóviles más bellos de la historia. Hoy en día son objetos de colección que alcanzan cifras astronómicas en las subastas internacionales.

 

 

Fotos: RM Sotheby’s, Zubi Design, Pinterest, El País, Domestico Shop, YClásicos Club

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