Archilovers

Arquitectura sobre nieve

Hay sitios en los que vivir puede ser casi imposible. Temperaturas que congelan hasta el agua salada y constantes ventiscas que reducen al mínimo la sensación térmica. En algunos casos, al clima se une el aislamiento y la ausencia de infraestructuras esenciales. Un panorama desolador sobre el papel que, sin embargo, esconde paisajes de una belleza espectacular, hábitats naturales prácticamente vírgenes y culturas cuya capacidad de supervivencia supera lo imaginable.

Son las mejores construcciones en los lugares más fríos del planeta. No te olvides los guantes y quédate con nosotros. Vamos a verlos.

Las construcciones en los parajes más inhóspitos son un perfecto laboratorio de pruebas para nuevos materiales y técnicas de arquitectura sostenible. La dificultad para obtener y producir energía, unida a las condiciones climáticas extremas obliga a plantear cada proyecto de manera que se adapte perfectamente al entorno. Aspectos como la eficiencia y el impacto ambiental se convierten en cuestiones absolutamente prioritarias. Un enfoque que permite testar y validar soluciones que podremos aplicar a nuestro día a día. Al fin y al cabo, si funciona allí…

 

Base antártica Juan Carlos I

El estudio Hugh Broughton Architects tiene una larga experiencia en proyectos diseñados para soportar las condiciones climáticas más extremas. De sus muchas intervenciones, destacan sus instalaciones científicas en la Antártida, entre las que se cuenta la Base Antártica Juan Carlos I. Al igual que otras bases diseñadas por el mismo estudio, el aspecto estético no se descuida en absoluto. Se trata de hacer más habitable un entorno que solo se ocupa en el llamado verano austral, de noviembre a marzo. La belleza del paisaje, en una suave ladera a 40 metros de la costa, es una buena razón para no renunciar a una gran superficie acristalada. En cuanto a los paseos por los alrededores, mejor ni hablamos. Por lo menos la Juan Carlos I está en la Isla de Livingston; otra base española, la Gabriel de Castilla, está en la isla Decepción.

 

 

Hotel Barin

Desde luego, si pensamos en Irán, a pocos se les vendrá a la cabeza semejante paisaje. La cordillera de Alborz, con cumbres de más de 3000 metros de altitud y temperaturas de 20 grados bajo cero, es el lugar que acoge la pista de esquí de Shemshak, una de las más importantes del país. Su ubicación, próxima a Teherán, y el éxito que siempre ha tenido entre los esquiadores la convierten en el lugar idóneo para este proyecto del estudio Ryra. Su particular diseño configura cada habitación como una cueva, lo que genera un patrón de huecos que recuerda a las formaciones naturales de las montañas que lo rodean. Eso sí, si no fuera todo tan blanco, muchos veríamos algo de Gaudí y su Casa Milà casi a orillas del Mar Caspio.

 

 

Manshausen 2.0

En teoría, estás cabañas, obra de Snorre Stinessen, deberían alojar a los exploradores que piensan adentrarse en el Círculo Polar Ártico. Lo difícil será que quieran abandonarlas. Situadas en una isla noruega de 22 hectáreas, sus grandes cristaleras se orientan al mar, sobre el que se elevan en voladizo. En su diseño se tuvo en cuenta la necesidad de prefabricarlas para poder instalarlas sobre el antiguo muelle que las sostiene. De esta manera, se minimiza el impacto en el terreno, un terreno en el que se integrarán a la perfección en cuanto el revestimiento exterior adquiera las tonalidades grises del paisaje, algo para lo que ha sido tratado previamente. Ya en el interior, solo apetece sentarse y contemplar la superficie del agua, cambiando de color hasta reflejar la aurora boreal.

 

 

Catedral del Ártico

La espectacularidad de esta iglesia no solo radica en su arquitectura, sino también en el lugar que ocupa. Su silueta fragmentada se recorta contra la mole del monte Tromsdalstind y su blancura se refleja en las aguas del puerto de Tromsø. Aunque en realidad no es una catedral, el diseño eternamente moderno de Jan Inge Hovig la ha convertido en el templo de referencia en una ciudad copada de edificios dignos de mención, como el Polaria Museum. Su construcción en hormigón y aluminio data de 1965 y en su interior también se celebran conciertos. Una atmósfera casi mágica para un edificio que brilla al sol de medianoche.

 

 

Fotos: Vesperhomes, pinterest, Architizer, HBarchitects

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