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A buen puerto

Hay algo hipnótico en el vaivén de las embarcaciones fondeadas. Incluso en pleno puerto, a resguardo de las corrientes, los mástiles oscilan y los cascos se aprietan unos contra otros en los pantalanes. Un panorama de relax absoluto donde nos queremos adentrar. Por eso, esta semana te invitamos a viajar por los puertos más especiales de nuestro país. Si te gusta, la idea, echa el ancla y quédate con nosotros.

A lo mejor tienes la suerte de entrar a los puertos por la bocana, navegando después de un día en el mar. Pero si eres de llegar a pie, no te preocupes. Hoy vamos a demostrarte que tenemos un montón de puertos de los que puedes disfrutar sin necesidad de un amarre. Enclaves naturales que llevan acogiendo a los marineros desde tiempos inmemoriales, tradicionales puertos pesqueros y otros que han cambiado los aparejos y las redes por los yates y las terracitas. Un poco de todo, pero todo precioso. Y seguro que alguno te pilla cerca. Vamos a verlos.

 

Port de Ciutadella

Este maravilloso puerto natural es una de las razones por las que Ciutadella fue la capital de Menorca hasta el breve dominio británico del siglo XVII. Tanto si vas a quedarte en el puerto, como si vas a pasear por las angostas calles de la ciudad, el mar es una referencia constante allá donde vayas. Merece la pena acercarse a la catedral, o a la Plaça des Born, junto al ayuntamiento y desde donde también puede contemplarse el paisaje marítimo. Como dato curioso, este puerto adolece de un problema bastante espectacular: la rissaga, un fenómeno natural por el que el nivel del mar desciende bruscamente y luego recupera o supera el nivel inicial con una única ola. Algo digno de ver, aunque desde tierra. Como mucho te mojarás los pantalones, pero si tu barco está en Ciutadella, tendrás que cerrar los ojos para no verlo enfrentarse a variaciones de hasta cuatro metros. Por fortuna, no ocurre muy a menudo. La última gran rissaga fue en 2006.

 

 

Puerto de Cudillero

Enclavado en la ladera de una montaña, las calles de este municipio asturiano se configuran como un anfiteatro en torno al puerto. Sus casas de colores se amontonan desde lo alto hasta el camino que desemboca directamente en el mar, en una cuesta interminable que desaparece bajo las aguas del mar Cantábrico. Aunque la actividad de la pesca se ha trasladado al puerto nuevo, el antiguo se ha conservado a la perfección. Lo único, que ahora limita con unas terracitas perfectas para degustar los productos locales y disfrutar de las vistas y del fantástico clima veraniego del norte. Y si te apetece un poco de turismo cultural, te recomendamos echar un vistazo a la Quinta de Selgas.

 

 

Puerto de Mogán

Situado en Gran Canaria, el puerto es la puerta de entrada a Mogán, un precioso pueblo que nace a nivel del mar y termina en la montaña de Alsándara, a más de 1500 metros de altura. En sus canales, el colorido y la luz se transforman a lo largo del día para ofrecer una de las puestas de sol más bellas del archipiélago. Os recomendamos visitarlo cuanto antes, porque, a pesar de que el turismo se va asentando en sus muelles, la pesca todavía es la razón de ser de este puerto. Un lugar único con su justa dosis de souvenirs, ideal para imaginar cómo fue la vida en las Canarias antes de los grandes resorts donde todo el mundo va con pulseritas y caipiriñas.

 

 

Port de Cala Figuera

Sabemos que nos dejamos muchos puertos, entre ellos los grandes y bonitos, como el de San Sebastián, o el de Alicante, pero no podíamos terminar sin volver a las Baleares. En concreto a Santanyí, al sudeste de Mallorca. Aunque hay embarcaciones de recreo, su uso es eminentemente pesquero, algo ya difícil de encontrar en nuestras poblaciones mediterráneas. Y, en cuanto a su belleza, poco hay que decir. Con sus edificios a pie de mar y los pinos bajando hasta los amarres, nos parecerá haber desembarcado en los años 50. Por suerte, poco habrá cambiado desde entonces y esperamos que no lo haga. Si os dejáis caer por Cala Figuera, no dejéis de tomar algo en los restaurantes del puerto y de hablar con los vecinos. Seguro que muchos tienen una historia acerca del llaüt de la familia, cómo lo armaron y cómo sigue navegando.

 

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