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Cine a cielo abierto

Se acerca el verano y a todos nos apetece disfrutar de una tarde de cine a la vez que del buen tiempo. Cine con mayúsculas, como aquel que improvisaban en plena plaza del pueblo Totó y Alfredo en Cinema Paradiso. Una catarsis colectiva que nos traslada a nuestra infancia en el mejor lugar posible. ¿Te apetece el viaje? Hoy te invitamos a descubrir los cines de verano más especiales del mundo.

Si has decidido quedarte y leer, vamos a empezar con la banda sonora. De hecho, si prestas un poco de atención, muy de fondo podrás escuchar el mar tranquilo, el sonido de las olas en la orilla, resbalando entre las rocas, o arrastrándose sobre la arena. ¿Sí? Vale. Más en primer plano te envuelve un murmullo del que distingues algunas voces. Luego el proyector. Nada digital; uno bien grande, de los antiguos, con su particular repiqueteo constante. Y, por último, casi a la vez que empiezan los trailers, un tronar de papel de aluminio: metros y metros, cien pares de manos desenvolviendo a la vez un bocadillo. Aunque los hay que se decantan por las pipas, crac, crac, crac. Hacen compañía al eterno grillo ilocalizable, cri, cri, cri…

Así toda la película. Pero, ¿qué más da? Cada ingrediente es imprescindible para generar una magia que se fija en la memoria como si fuera nuestra propia película. Porque en verdad lo es. Por eso el escenario está al otro lado. Donde se sienta el público. Vamos, abre los ojos. Que ya empieza.

Sala Montjuïc, Barcelona

En un recoveco de las murallas del castillo de Montjuïc se instala cada verano la sala de cine más recomendable de Barcelona. Seguramente porque no es ninguna sala, sino una pradera de césped sobre la que podemos tumbarnos con la ciudad a nuestros pies. Además, antes de la película, podremos disfrutar de música en directo y un cortometraje. Un regalo para cinéfilos, para amantes del cine como acto social y de las películas en su idioma original.

 

 

Cine Thisio, Atenas

El Thisio es seguramente el cine de verano que todos tenemos en la cabeza. Una pequeña explanada con sillas de hierro y una pantalla acosada por la hiedra, justo igual que cuando se abrió en 1935. Lo que ya no parece tan habitual es tener la monumental Acrópolis en el horizonte. Así es difícil decidirse entre sumergirse en uno de los habituales clásicos que se proyectan, o contemplar el Partenón refulgiendo como si irradiase luz propia. Menos mal que su mítico pastel de queso hará que se nos olvide el dilema.

 

 

St. George Open Air Cinema, Sydney

En el hemisferio sur, los cines de verano abren en enero y febrero, pero pocos disfrutan de unas vistas tan impresionantes como el St. George. En realidad, viendo a los 2000 espectadores sentados ante la Ópera de Jorn Utzon, uno se pregunta hasta qué punto es necesaria la pantalla.

 

 

Teatro Griego, Taormina

El festival de cine de Taormina se celebra desde 1955 y ha tenido presentadores tan célebres como Elizabeth Taylor, Marlon Brando, Richard Gere, o Susan Sarandon. Sin embargo, lo verdaderamente impresionante es su ubicación, en un antiguo teatro griego que recupera su función, aunque sea en diferido. Una de las postales más bellas de Sicilia.

 

 

Piazza Grande, Locarno

El festival de cine de Locarno se celebra en la Piazza Grande y, como su nombre indica, caben hasta 8000 espectadores, cada uno con su silla. Una versión multitudinaria del tradicional cine de verano que podemos visitar en agosto desde 1946 y que tiene la emoción añadida de ver quién gana el Leopardo de Oro, máximo galardón de este histórico certamen.

 

 

Photos: Pinterest, Pinterest, Pinterest, Pinterest, FilmFestival Locarno       Portada: Tradel Barcelona

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