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Construir el futuro

Cuando éramos pequeños, al pensar en la casa del futuro, seguro que imaginábamos un espacio de un blanco radiante, con un ordenador a nuestro servicio capaz de cumplir con cualquiera de nuestros deseos. Gracias al éxito de la decoración minimalista y a los grandes avances en domótica, es posible que las cosas no sean tan distintas de como habíamos imaginado. No obstante, la revolución tecnológica es solo una parte del gran salto cualitativo que vivirá la arquitectura en los próximos años; un salto capaz de transformar la forma de diseñar, construir y utilizar los edificios. Hoy vamos a verlo de la mano de Marc Kushner, autor de El futuro de la arquitectura en 100 edificios.

Según la Encuesta sobre Innovación del INE, en 2015, solo el 1.1% del gasto total en innovación tecnológica correspondió al sector de la construcción. Por si existían dudas, la última encuesta, publicada en diciembre de 2017, alertó de que el sector había disminuido en un 12.8% sus inversiones en I+D. Con semejantes datos, el panorama no parece muy alentador. Sin embargo, nosotros seguimos convencidos de la necesidad de apostar por las nuevas tendencias en construcción, materiales y diseño. Porque, a pesar de lo que digan las encuestas, cada día se presentan nuevas ideas. Algunas de ellas ayudarán a reinventar la arquitectura en el futuro, pero muchas son ya una realidad, una realidad que tratamos de incorporar a cada uno de nuestros proyectos.

 

Primero, la filosofía

 

 

Para que una revolución tecnológica pueda triunfar, antes es necesario un cambio de mentalidad. Kushner explica que: “la arquitectura no trata de matemáticas, ni de distribución de espacios, sino de las conexiones viscerales y emocionales que sentimos en los lugares que habitamos”. El problema viene cuando se ignora la parte emocional, algo que Kushner explica de la siguiente manera: “los arquitectos constantemente impulsan nuevas tecnologías, nuevas tipologías, nuevas soluciones para la forma de vida actual. Impulsamos e impulsamos tanto, que nos alejamos completamente de la gente”.

En el pasado, la conexión emocional entre la nueva arquitectura y las personas que la utilizaban podía tardar años, e incluso no llegar a producirse nunca. En cambio, hoy en día, gracias a las redes sociales y a la globalidad de los medios de comunicación, los usuarios tienen acceso al proyecto mucho antes de construirse. Pueden debatirlo y juzgarlo hasta el punto de incorporarlo a su imaginario colectivo. Es decir, se genera una relación afectiva casi desde el principio, o como señala Kushner: “Ahora podemos crear símbolos instantáneos, con carga emocional, de algo completamente nuevo”.

En resumen, la innovación tecnológica en los medios sociales nos ha dado las herramientas para que podamos asimilar la enorme transformación tecnológica que la arquitectura está experimentando. Por eso, pensamos que no podría existir un momento mejor para atreverse a hacer cosas nuevas.

 

Luego, la técnica

 

 

La tecnología en arquitectura está llena de palabras amables, como “sostenibilidad”. Nadie podría ir en contra de ella, pero ¿qué ocurre con la robótica? Y no hablamos de ese HAL 9000 en versión no psicópata que querríamos como mayordomo del futuro. Nos referimos a robots capaces de suplir la mano de obra humana y romper cualquier récord de tiempo y precisión. Por ejemplo, SAM 100 de Construction Robotics; un ingenio que puede colocar 3000 ladrillos al día, en lugar de los 500 que pone un profesional a buen ritmo. O Cogiro, fruto de la colaboración entre Tecnalia y el Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña, un robot capaz de imprimir en 3D  y a pie de obra elementos arquitectónicos y hasta edificios enteros de 130 metros cuadrados y tres metros de altura.

Es entonces cuando la tecnología pierde su cara amable y surge el miedo a la automatización y a la pérdida de puestos de trabajo. Ante eso, Mariola Rodríguez, gestora de proyectos de Tecnalia, declaró a El País que: “Es necesario adaptarse y aportar a la sociedad las necesidades que se crearán en cuanto a fabricación de robots, programación, mantenimiento o seguridad, porque esta nueva forma de fabricar es la que garantizará la productividad y eficiencia de las plantas y, por tanto, su éxito y supervivencia en el medio y largo plazo”.

Al fin y al cabo, la robótica y sus aplicaciones a la impresión 3D permitirán las construcción de edificios más baratos, en menor tiempo y optimizando el uso de los recursos. Es decir, harán del proceso de construcción y del producto final un modelo de sostenibilidad.

 

Y, siempre, las personas

 

 

En cualquier caso, debemos ser conscientes de que nada de ello será posible sin la participación de las personas. Ellas y el uso que hacen de los edificios dan sentido a la voluntad de crear una nueva arquitectura. Por ello, queremos hacer nuestras las palabras con las que Kushner terminó su conferencia en TED en 2014:” No importa si es una vaca o un robot quien construye nuestros edificios. No importa cómo construimos, lo que importa es qué construimos. Los arquitectos ya saben cómo hacer edificios más ecológicos, más inteligentes y más amables. Hemos estado esperando a que todos ustedes los deseen. Finalmente, ya no estamos en lados opuestos. Encuentren un arquitecto, contrátenlo y trabajemos juntos para hacer mejores edificios, mejores ciudades, para un mundo mejor, porque hay mucho en juego. Los edificios no solo reflejan nuestra sociedad, sino que le dan forma hasta a los espacios más pequeños”.

 

Photos: Markus Haugg, Flickr. Cover photo: Valentin Gautier

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