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La ciudad como lienzo

Picasso dijo: “Aprende las reglas como un profesional, para que puedas romperlas como un artista”. Seguramente, cuando el gran pintor malagueño pronunció estas palabras, no era consciente de que, en ellas, estaba sintetizando toda la filosofía del arte urbano del siglo XXI. Al fin y al cabo, el grafiti nació como una mezcla de gamberrada y transgresión, algo que tiene mucho que ver con el arte. Hoy nos acercamos a aquellos grafiteros que han trascendido su propia leyenda, aquellos que son tendencia mundial y cuyos trabajos los han llevado a ser llamados artistas urbanos.

Bansky

Bansky es Robin Gunningham, nacido en Bristol hace cerca de 40 años. Esto, que podría parecer una frase de Wikipedia es, en realidad, parte de su propia leyenda. Porque Bansky existe y no existe, y tanto Gunningham, como Bristol, como sus 40 años llevan todos un quizás delante. Sus obras se distinguen por una gran carga reivindicativa y una inusitada habilidad narrativa. A través de la ironía, la sutileza y la provocación, Bansky ha viralizado el fenómeno del grafiti y lo ha llevado a un nivel artístico que se mueve entre la denuncia social y el fenómeno de masas. Su ambivalencia le ha granjeado numerosas críticas por denunciar las consecuencias de la actual sociedad de consumo, mientras trabaja para grandes empresas, o reputadas galerías de arte. No en vano sus obras marcan récords de cotización en el mundo del arte contemporáneo. Aunque muchos críticos califican su trabajo de vago y comercial, no se le puede negar la capacidad para llegar al público como ningún artista urbano lo ha hecho antes. Buena muestra de ello son los billetes con el rostro de Lady Di, arrojados sobre los asistentes al carnaval de Notting Hill. A las pocas horas ya eran un objeto de coleccionista y se pagaban mejor que los billetes de curso legal.

 

 

Keith Haring

Keith Haring desarrolló un estilo propio desde el principio. Sus famosas e intrincadas siluetas comenzaron su andadura con la punta de un rotulador sobre los carteles del metro de Nueva York. Poco después, con tiza sobre también sobre unas pizarras del metro. Así, hasta llegar a ser el grafitero más influyente de los 80 y todo un ejemplo de cultura pop. Sus obras tienen matices de la pintura ritual esquimal y aborigen, fruto de sus estudios en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York. En 1986 pintó una sección del muro de Berlín y se convirtió en leyenda. Su inquietante iconografía de personas aladas, perros y bebes gateando entre platillos volantes ya es parte del imaginario colectivo, al igual que su activismo social para visibilizar a los enfermos de SIDA, enfermedad de la que fue víctima en 1990, con solo 31 años.

 

 

Blu

Blu es italiano, puede que de Bolonia, o por lo menos pasó una temporada por allí. Eso es todo lo que se conoce de este artista que, al contrario que su célebre carrera, ha conseguido permanecer en el anonimato. Sus primeras obras datan de 1999, cuando comenzó a pintar con aerosol en las calles del centro histórico de la capital de Emilia-Romaña de forma ilegal. Pronto se pasó al acrílico, lo que le permitió cubrir grandes superficies y alcanzar el estilo que lo ha hecho famoso en todo el mundo. Desde 2009, ya conocido como Blu, se ha convertido en un altavoz de la causa ecologista y en contra de los abusos del capitalismo. Una filosofía cercana a la de Bansky, solo que materializada sobre espacios muchos más grandes y trazada con una pretendida fealdad que se ha convertido en su principal seña de identidad. Además, merecen una especial mención sus cortometrajes en slowmotion, como MUTO, premiada y reconocida internacionalmente.

 

 

Sixe

Sixe es Sergio Hidalgo, nacido en 1975 en Barcelona. Aquí no hay anonimato, pero sí una concepción del arte urbano íntimamente ligada a los preceptos más innovadores de la pintura contemporánea. Desde sus grafitis en las calles de Barcelona, a finales de los 80, hasta el reconocimiento actual, Sixe ha pasado por numerosos trabajos no relacionados con su faceta artística. Algo que cambió con sus primeros encargos para decorar espacios, ya que resultaron tan exitosos como para llevarle a pintar la Tate Modern de Londres para la exposición Arte en la calle, junto a otros artistas urbanos como Faile, Nunca y Os Gêmeos, entre otros. A partir de entonces, destaca en el panorama artístico internacional, con críticas como la de Kati Krause en el Wall Street Journal, quien sitúa a Sixe y su particular estilo expresionista e infantil a la altura de Miró y Tapies.

 

 

Vhils

Alexandre Farto es Vhils, nacido en Lisboa en 1987. A los 11 años comenzó a grafitear paredes y, poco después, vagones de tren. Con un currículum así, a pesar de su precocidad, pocos podían prever la carrera meteórica de este artista urbano graduado en University of Arts de Londres. Su obra tiene un fuerte componente escultórico, ya que Vhils no se detiene en la superficie, sino que esculpe el material para extraer la máxima expresividad de sus pinturas. De esta manera, muchas veces utilizando explosivos, Farto desvela las capas de las que se compone el soporte y lo integra en el dibujo. El resultado es un catálogo de caras y palabras que define y representa a la ciudad que los acoge. Un bajorrelieve de texturas para insuflar vida en los ojos que nos miran desde dentro mismo de los muros.

 

 

Photos: Pinterest, Flickr, Graves International Art, Cultura Portugal

 

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