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Dime qué estilo eres y te diré cómo es tu casa

¿Te obsesionan los espacios blancos y las líneas sobrias, o por el contrario te fascinan los colores cálidos, las sillas rococó y las lámparas de lágrimas? ¿A qué te suena horror vacui, less is more, sixties, fifties, la Provence, Luis XVIII? ¿Que no te suena? No pasa nada. Lo importante es que te conozcas bien a ti mismo. Estamos seguros de que sabes vivir con estilo, así que sigue leyendo y descubre si tu casa tiene estilo o estilazo.

 

Estilo Vintage:

¿Llevas llorando desde el último capítulo de Mad Men? No te preocupes. Solo has nacido en la época equivocada. Tus problemas se solucionarán con un aparador escandinavo y una mesa de café con revistero. Luego puedes añadir un sofá estilo daybed y un buen mueble bar, o una camarera de teca con su juego de whisky. Para ver mejor, enciende una lámpara Fase, o una Stilnovo, y siéntate a leer en una lounge chair de los Eames. Te vendrá bien relajarte antes de que venga todo el mundo y tengas que preparar cocktails mientras alguien intenta cantar Zou bisou bisou.

 

 

Estilo romántico:

Si eres de los que sueñan con despertarse en una decadente villa de la Provenza, este es tu estilo. Molduras y paredes empapeladas con flores; viejos muebles reconvertidos a base de chalk paint y camas con doseles. En el suelo, tarimas naturales con la veta casi abierta y, en las ventanas, largas cortinas para tamizar el constante aroma de la lavanda. Prueba con una alacena de formas curvas y madera clara, llena de porcelana con motivos vegetales. No te olvides de poner grandes ramos de flores en lugares estratégicos y siéntate en mullidos sofás estampados. Para las mesas, manteles de cuadros rojos y blancos y un frutero que parezca la cornucopia de la mismísima cabra Amaltea. ¿Cursi? No, romántico.

 

 

Estilo Minimalista:

Si piensas que un poco de nada es demasiado y que cualquier adorno es superfluo y solo sirve para coger polvo, ya puedes llamar a Le Corbusier “Corbu”. Ahora puedes decir aquello de menos es más, incluso puedes tirarte el rollo y pronunciarlo con tu mejor inglés: less is more, aunque es probable que Mies van der Rohe lo pensase en alemán. ¿Qué te vamos a contar? Líneas puras, rotundas y materiales de gran calidad. Colores blancos, grises y negros. Contraste por volúmenes y nada más que lo imprescindible: Prueba con un par de sillas Barcelona de Mies, un sofá LC3 de “Corbu” y una mesa de centro Laccio de Breuer. ¿Y qué más? Pues nada de nada, claro.

 

 

Estilo industrial:

Si les haces ojitos a las naves industriales decrépitas y crees que cualquier local con dos plantas es un loft, tu estilo es el industrial. Paredes de ladrillo visto y suelos de hormigón, a juego con tu estupendo sofá de cuero envejecido. También puedes combinarlo con una mesa de centro con ruedas llena de libros de diseño y copiarles algunos muebles a tus amigos minimalistas. La silla Wassily de Breuer quedaría genial al lado de tu Harley. Esa misma que aparcas en el salón, bajo el ventanal en el que has conservado hasta los viejos ventiladores. Seguramente podrías desmontarla entera en tu cocina de acero. Por no hablar de tus sesiones de Dj, que transforman tu casa en un exclusivo nightclub del Soho.

 

Estilo rústico:

¿Eres de los que creen que cualquier apero de labranza es susceptible de convertirse en mueble? Bienvenido al mundo rústico. Trillos, ruedas de carro, tinajas, capazos de esparto… Vale, vale, que tampoco hay que irse por el lado kitsch de asunto. También tenemos suelos de barro cocido, en losas cuadradas, o en espiga, como en las domus romanas. Y paredes encaladas o de piedra desnuda, sofás de telas crudas y muebles de madera natural. Cortinas de loneta y mesas hechas con grandes troncos, dejando ver sus anillos y fundiéndose con la naturaleza del entorno. Aquí parece que el tiempo transcurre a tu voluntad.

 

Estilo clásico:

Si te empeñas en seguir llamando a tus muebles con nombres de reyes absolutistas, tu estilo es el clásico. No hagas caso a los que te dicen que está pasado de moda, o que si te crees que vives en un palacio. O mejor, diles que lo clásico nunca pasa de moda y que, efectivamente, vives en un palacio. Échale un ojo a las pelis hollywoodienses de los 30 y 40 y toma nota. Sillones orejeros de madera noble -¿qué otra madera si no?-, sillas con patas torneadas y sofás de terciopelo con cojines bordados. Lámparas de araña colgando del techo, con sus lágrimas de cristal tornasolando la luz de las bombillas. Justo delante a ti, una licorera de Bohemia y una bombonera repleta. Y qué digan lo que quieran, tú ya te has sentado frente a la chimenea de mármol para verte El Crepúsculo de los Dioses. Ellos se lo pierden.

 

¿Ya sabes si eres del team vintage o del minimalista? Todos tenemos un favorito cuando imaginamos nuestra casa perfecta. Pero, si eres el colmo de lo trendy, seguro que has pensado que cada uno tiene su punto. Eso es porque vas por buen camino. Si te gusta, atrévete a combinarlos. ¿Quién dice que no puedes poner una silla Tulip en una mesa isabelina? ¿O una lámpara de araña en mitad de un espacio blanco y diáfano? Hay que saber ver más allá de estilos y tendencias, al final lo importante es que respire tu estilo de vida.

 

 

Créditos fotografías: AD, Pinterest, Decora OK, Hola, Del Sofá

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