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Los jardines a través del tiempo

Crear oasis en el desierto fue una buena razón para que los egipcios construyeran los primeros jardines. Los griegos no se preocupaban tanto; seguramente las escarpadas pendientes salpicadas de pinos y arbustos olorosos eran suficiente paisajismo como para intentar mejorarlo. Sobre todo, si terminaban en el Mediterráneo. Aunque no debían de pensar igual los habitantes de Al-Andalus, donde la Alhambra y el Generalife sirven de testigo para dos tipos de jardines: los que rodean las edificaciones y los que se ocultan entre los patios, siempre con el agua como hilo conductor.

 

Así, zigzagueando por un origen difícil de concretar, aún nos queda algo claro: los jardines existen desde el primer momento en que el ser humano tuvo una residencia estable y cultivó una planta, no para comérsela, sino con una intención estética. A partir de ahí, la historia y tipología de los jardines no ha cesado de evolucionar y reinventarse, pero siempre respetando ese origen de paz y recogimiento con el que los egipcios lucharon contra el desierto.

 

 

En la actualidad conviven muchos tipos de jardines, desde los simétricos y artificiales jardines renacentistas, hasta los más naturales, herederos de jardín romántico, que ya introducía elementos que imitaban a la naturaleza, tales como cascadas y grutas, detalles que de los que existe constancia ya durante el imperio romano. Quizás esa tendencia naturalista, que da sentido al término paisajismo, es la que más éxito tiene en la actualidad, aunque el gusto por el orden y la artificiosidad sigue teniendo mucha aceptación, en este caso en forma minimalista, con sus espacios delimitados y sus reminiscencias orientales.

Aunque a partir del siglo XIX se extendió la construcción de grandes jardines públicos, enseguida buscamos otra palabra para definirlos. Recurrimos a parque, seguramente con la intención inconsciente de salvaguardar el carácter íntimo y privado del concepto “jardín”. Seguramente la máxima expresión de esa privacidad tenga hoy su reflejo en los riads, unos jardines interiores, típicos de la cultura árabe, que se convierten en el corazón de la casa y hacen del exterior un lugar fácil de olvidar.

A muchos les sonará la palabra como una de las principales ciudades de Arabia Saudí y es que Riad recibió su nombre por estar situada en una de las regiones más fértiles del país. Ar riyad, “los jardines” deja bien claro el significado de la palabra. Ahora solo tenemos que imaginar una estructura similar a la de las antiguas domus romanas, con su patio central y su impluvium, como una lámina de agua cristalina. Si a eso le sumamos una vegetación exuberante y confortables asientos, podemos entender por qué en Marruecos ha resurgido este tipo de jardín y se ha convertido en visita obligada para cualquier viajero que se acerque al Norte de África.

 

 

Pero tampoco hace falta irnos muy lejos, seguro que todos tenemos un espacio en nuestro hogar que puede llamarse jardín. No hace falta una gran extensión de terreno, vale con una terraza, con un balcón… incluso el alfeizar de una ventana. Lo importante es cuidar su vegetación y crear un ambiente que nos transmita paz y recogimiento. Y si tienes té con menta y algunos almohadones bien mullidos, seguro que da para un riad de bolsillo. Lo importante es la sensación.

 

 

Créditos de fotografías: El Jardín Francés, Visit Sunhine Coast, Canal Viajes, Casa & Diseño

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